pastillaverdeNo, el título de esta Pastilla no hace alusión a la magistral serie británica de los setenta, sino a la dirección que, a mi entender, debe seguir la transmisión de la Cultura. Es lógico que quienes tienen más formación, más dinero, más medios y sobre todo más tiempo libre –o sea, los de arriba-, sean los que promuevan eventos, patrocinen Jornadas, ejerzan mecenazgos... En fin, los que de una manera u otra atraigan hacia el fabuloso mundo de la Cultura a todos aquellos que por falta de formación, debilidad económica, escasez de medios o poco tiempo libre –es decir, los de abajo-, se vean con dificultades o sin motivación para abrir un libro, ver una pieza de teatro, asistir a una pinacoteca, a la proyección de una película... Así como para atraer a estas actividades a aquéllos (léase también aquéllas) que emplean su poco tiempo de ocio en actividades que alienan aún más sus entendederas.

Al hilo de esto, y para que nadie pueda decir –al menos sin faltar a la verdad- que no sigo la actualidad, comento que hoy mismo he sabido que el nuevo rey de España, el apuesto, elegante, simpático, educado, inteligente y Borbón Felipe VI, ha efectuado en el despacho que hasta ayer ocupaba su padre (parece que hablo de un negocio familiar) unas ligeras remodelaciones, entre ellas la de colocar una reproducción de la copa del mundial de fútbol de Sudáfrica (la única ganada por España hasta por lo menos 2018). A mí ni me parece bien ni me parece mal, pero me pregunto –con sana curiosidad- si junto a este trofeo que a todos nos llena de orgullo y satisfacción habrá colocado una reproducción de la medalla olímpica que consiguió Rafael Nadal en Pekín, o las copas de los dos mundiales de Fernando Alonso, o la medalla de oro, olímpica también, de Marina Alabau en vela RS:X... O la reproducción de la estatuilla de los Oscars ganados por José Luís Garci, Fernando Trueba y Pedro Almodóvar. O afinando más aún, si ha puesto al alcance de su vista alguna reproducción de las medallas de los premios Nobel otorgadas a Jacinto Benavente, Santiago Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez, Severo Ochoa...
Si ninguno de estos trofeos figura en su entorno de trabajo (supongo que tampoco habrá en ese despacho una cabeza de elefante), la transmisión de la tan necesaria Cultura queda interrumpida en algún punto que ahora no me voy a parar a analizar.
El movimiento se demuestra andando, y dando este tipo de pasos se respalda y se alienta a los que sólo leen periódicos deportivos, a los que hacen del fútbol su ley, su horizonte y su razón de vivir.
Será cuestión de invertir la dirección de la transmisión y pedir a los de abajo que vayan despertando a los de arriba.

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