migrantes sisiNo era difícil adivinar la intención de Carles Puyol. La posición de su cuerpo y el movimiento de su pie derecho indicaban claramente que iba a pasar el balón a un compañero situado en la banda. Por eso, él elevó y estiró cuanto pudo su pierna derecha para interceptar el pase. En ese instante sólo pensaba en conseguir su objetivo. Un segundo después, todos sus sentidos estaban puestos en su otra pierna, la que había servido de apoyo para realizar el escorzo. Bastó un gesto de dolor para que el capitán azulgrana levantara el brazo pidiendo la interrupción del encuentro y la entrada de la camilla para atender al compañero-rival caído sobre el césped del Sadar.

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