fernando palazuelosHace unos años, pudo ser en 2007, el periódico Deia me hizo, junto a dos autoras, una entrevista en el transcurso de la Feria del Libro de Bilbao. En una de las cuestiones se nos pedía recomendar un libro. Yo escogí Las manos del ángel, de Fernando Palazuelos.

Creo que todos, a la hora de imaginarnos a un determinado escritor o escritora trabajando, lo vemos de una manera peculiar, lo identificamos con un espacio, una pose, una actitud. Cuando pienso en Fernando me lo imagino concentrado, envuelto en una luz difusa, encorvado como un relojero sobre su obra, enfrascado en su tarea, dándole forma con la magia natural de los artesanos.

Fernando Palazuelos es, a mi humilde entender, uno de los autores más sutiles y pulcros del panorama estatal. Cada uno de sus temas es una excursión a las profundidades del alma humana. Cada frase está pulida y bruñida buscando la emoción y huyendo de recursos fáciles.

Veo que en sus respuestas se muestra tan responsable como en sus escritos literarios.

CHARLANDO CON…: Bienvenido a Charlando con… Preséntese, por favor, ¿quién es Fernando Palazuelos?

FERNANDO PALAZUELOS: Soy el noveno hijo de una humilde familia numerosa. Crecí en una barriada de viviendas sociales, y en aquel ambiente de infancia y juventud, influenciado por mis padres y mis hermanos, aprendí lo que es la cultura del esfuerzo. Perseverancia. La llevo en la sangre.

CHC: Sus inquietudes artísticas han sido variadas; fotografía, escultura, dibujo, diseño… ¿desde cuándo recuerda en usted esa tendencia al arte?
FP: De niño me gustaba la geometría, las manualidades y el dibujo artístico, pero también jugar por los rincones del barrio y vivir aventurillas con los amigos.

CHC: En ese abanico ¿entraba también la literatura?
FP: La escritura no especialmente (aunque con doce años fui seleccionado en la escuela para la prueba provincial del concurso de redacción de Coca-Cola). Pero sí la lectura. En mi casa siempre había libros. La influencia de mis hermanos fue fundamental, sobre todo de Pablo. Un gran lector.

CHC: ¿En qué momento de su vida descubrió que quería ser escritor?
FP: Abandoné la carrera de Bellas Artes en tercer curso, decepcionado por el funcionamiento de la facultad en esa época. Dediqué unos años a estudiar y trabajar, pero en cuanto pude busqué el modo de compaginar todo eso con la creatividad. Con veinticinco años escribía con asiduidad.

CHC: Su carrera literaria abarca novela, narrativa, teatro y poesía. ¿Con cuál de estas disciplinas se siente más a gusto?
FP: Son ámbitos complementarios. La novela es un género exigente, pero muy completo, retador, difícil a la vez que estimulante. Es una carrera de fondo. La narrativa es efervescente y juguetona, susceptible de trabajarse en fases cortas. Me encantan ambas. Y si me apetece descansar de ellas, escribo teatro, que es literatura palpitante.

CHC: ¿Hay algún género con el que no se atrevería?
FP: Me gusta ponerme retos, arriesgar, probar proyectos novedosos. Aunque siempre puede surgir algo que nos supere. Ahora mismo trabajo en una propuesta que me hizo un médico. Me negué tres veces, pero tras la insistencia del promotor de esta idea divulgativa, accedí. Es un trabajo complejo, pero el resultado va a ser muy llamativo. Y hace poco me propusieron escribir el guión para un corto publicitario, sin palabras, destinado a Japón. Dije que sí. El resultado está en Youtube. Se titula Tónico vital. Me lo pasé genial.

CHC: Su trayectoria, tanto en narrativa como en teatro, está unida a la obtención de premios de renombre: Premio Torrente Ballester, Premio Ciudad de la Laguna, Premio Tigre Juan, Concha de Luz, Premio de novela Ciudad de Barbastro… ¿Qué se siente cuando se recibe la notificación de un premio?
FP: Es una satisfacción añadida. Desde hace dos décadas tengo claro que lo importante es el camino, disfrutar con el proyecto en cada fase, independientemente de su publicación en un sello u otro, o del reconocimiento. Pero la llegada de un premio es un alivio en la economía familiar y un estímulo para seguir.

CHC: En una cena de autores en Bilbao salió en la conversación el tema de los escritores que escriben en función del premio al que se van a presentar. ¿Lo ha hecho usted en alguna ocasión? Y no me entienda mal, no estoy juzgando ese planteamiento. Se trata de simple curiosidad.
FP: No es deshonesto. Aunque yo nunca lo he hecho. Ni para un certamen, ni para seguir un encargo o recomendación de un editor. Me gusta sentir la libertad de escribir lo que yo quiero. Me encanta cambiar de registro, meterme en senderos nuevos, cambiar de temáticas, arriesgar. Luego decido qué hacer con el manuscrito. Pero escribir, siempre con libertad. Lo contrario sería traicionarme. Un ejemplo es mi libro Geometría del azar. Es un híbrido entre biografía, libro de relatos, micro-ensayos e ilustración. Me lo pasé bomba.

CHC: ¿Cuál es el premio qué más ilusión le ha causado?
FP: Todos han tenido su punto emotivo. Quizá el más especial fue el Torrente Ballester. Fue una locura en casa, con mil llamadas telefónicas de los periódicos. Por motivos económicos yo nunca había podido viajar, y gracias a los premios he estado en Coruña, Oviedo, Valencia, Segovia, Madrid, Valladolid, Castellón, Barbastro…

CHC: ¿Qué es lo que hace buena o mala a una novela?
FP: El subtexto, la psicología de los personajes, un tono no impostado y saber quitar lo prescindible. Ésta es la teoría (al menos, mía). Pero hay que trabajar mucho para lograrlo. Tardo tanto en escribir la historia como en reescribirla o acondicionarla. Ni el mejor literato del mundo escribe de corrido y pone FIN, sin revisar. (Sólo lo hacen los escritores que aparecen en las películas. Es muy gracioso.)

CHC: Entre una buena acogida por parte del público o una buena acogida por parte de la crítica especializada, ¿con cuál se quedaría? Y no me diga, por favor, que son compatibles, aunque lo sean.
FP: Contestaré con una anécdota. Un filólogo asturiano que conocí en Barbastro me escribió para contarme que había visto a su padre leer en una tarde mi novela Pura chatarra. Había sido camionero, y jamás en su vida había leído un libro. Encontró la novela en la mesa de su hijo, comenzó a leer, y no paró hasta terminarlo. Me quedé perplejo. Guardo esta anécdota con tanto cariño como las críticas que recibí al publicar Papeles de penumbra, mi segunda novela. Fueron fabulosas. Sin embargo, no repercutieron en las ventas. ¿Con cuál de estos dos extremos quedarse? Son tan diferentes…

CHC: ¿Reescribiría alguna de sus novelas?
FP: Quizá la primera. Eliminaría algún exceso. Pero tuvo tres premios, de modo que por coherencia con mi yo de hace veinticinco años, tal vez deba dejarla tal como está.

CHC: ¿Hay alguna novela que no haya podido finalizar?
FP: Tengo ideas que aún están sin eclosionar, posibilidades que uno debe evaluar antes de entregar su tiempo. A veces un proyecto necesita el momento oportuno, el estímulo, la chispa. Luego es cuestión de trabajo con tesón. O sea, más que no acabar algo, lo que he hecho es no empezar en serio algo.

CHC: ¿Qué autores y/o autoras han influido más en su obra, si es que alguno/a lo ha hecho?
FP: Muchos. De joven fueron Poe, Stevenson, Cortázar, Kafka, Borges, García Márquez, Manganelli, Conrad… Después otros muchos: Italo Calvino, Boris Vian, Vonnegut, y un larguísimo etc. En realidad casi todo lo que leo, pues selecciono mucho. Opto por lecturas que me aporten. Mi gusto lector es omnívoro. La lista sería muy larga.

CHC: ¿Cómo ve el panorama literario a nivel de Euskadi, cómo a nivel del Estado español y cómo a nivel internacional?
FP: En general, una jungla. Da miedo ver el poder de las agencias, los favoritismos y la hipocresía. Una muestra: el experimento que hizo Doris Lessing, siendo ya escritora consagrada. Envió a las mejores editoriales de su país un manuscrito suyo firmado con nombre falso. Se lo rechazaron en todas. Tal vez por eso cada vez me gustan más lo que publican las editoriales independientes (aunque a ciertos autores hay que seguirles en catálogos de renombre). Luego está el amplio abanico de novedades, traducciones, reediciones, etc. La cifra de lo que se publica da vértigo. El lector debe seleccionar en ese maremágnum, desconociendo que un libro con un gran dispositivo de promoción no tiene por qué ser mejor que otro sin ese despliegue de medios.

CHC: ¿Cree que se lee todo lo que se debiera?
FP: Nuestra época ultratecnológica incide en contra. Los contenidos audiovisuales ofrecen en bandeja ficción y entretenimiento de fácil digestión. Pero todo ese barullo no favorece el pensamiento crítico. De la televisión ni hablamos. No aporta apenas nada. Yo no me conformo. Busco por otras vías. Pero mucha gente se deja llevar a ese ocio pasivo y de poca sustancia. Me apena. En el metro cada vez somos menos los que viajamos leyendo. Los propios teléfonos captan demasiadas horas de atención. Son un vórtice que absorbe la voluntad y muchas otras iniciativas. No estoy en contra de las nuevas tecnologías, pero abogo por un uso responsable.

CHC: ¿Por qué no se lee más?
FP: Intento encontrar el modo de que mis hijos lean más. ¡Y qué difícil es, en esta época de estímulos externos! Les ha tocado vivir en un mundo lleno de neón. Todo es luminoso, rápido, de consumo instantáneo... Un libro es algo para degustar con calma, sentado en un sillón.

CHC: ¿Cree que desde los organismos pertinentes se fomenta debidamente el amor a la lectura, a la escritura, a la cultura?
FP: No lo sé. Quizá los planes de organismos y de la docencia no son suficientes. Importa mucho la educación en casa, pero incluso a veces ni el estímulo más cercano sirve. Más que el propio temperamento de un adolescente, lo que incide en sus gustos es el entorno de amigos o compañeros. Y cuando uno insiste demasiado, a veces lo que logra es el efecto adverso. He pensado mucho en esto, y no logro dar con la receta mágica. Hasta ahora sólo he encontrado un recurso útil. Leer un libro agudo e ingenioso cuando otros estén cerca, y que se te escape una carcajada. Es uno de los mejores señuelos. Respecto a la promoción de la cultura, la administración está muy lejos de lo que yo creo que debe hacer. Generalmente los políticos dejan el ámbito cultural en el último puesto de sus prioridades. Estoy convencido de que la mayoría no leen y no van al teatro. Una lástima.

CHC: ¿Qué opinión le merecen las Ferias del Libro?
FP: Un escaparate y un punto de encuentro. Antes no solía estar como autor, porque nunca me ha gustado el autobombo. Ahora me obligo un poco. Es cansado estar horas tras el mostrador, pero es bonito hablar con los lectores.

CHC: ¿Qué haría, si estuviera en su mano y si es posible hacerlo, para mejorarlas, para atraer más público?
FP: Personas con experiencia en ese ámbito se estrujan el cerebro pensando cómo mejorarlas. Supongo que es difícil.

CHC: ¿Hay algún autor/a a quien no «pueda» leer?
FP: No suelo tener prejuicios, pero puede atragantárseme alguno. Algún autor endiosado y pagado de sí mismo.

CHC: ¿Y quién es el autor/a al que le encanta leer?
FP: Zweig, Robertson Davies, Saint-Exupéry, Millás, Mendoza, Auster, Atxaga… Y un largo etcétera.

CHC: ¿Cree que en algunas -o en muchas- ocasiones el éxito de un autor se debe a tener un nombre reconocido en otros medios o a una estudiada campaña de marketing?
FP: En muchas ocasiones. Estoy completamente seguro.

CHC: ¿Cree que puede haber autoras/es que por no ser conocidos en otros ámbitos o no disfrutar de una adecuada promoción pasan inadvertidos a pesar de tener trabajos dignos de obtener más éxito?
FP: Los hay. Conozco a una docena de escritores que encajan en ese perfil, varios del País Vasco, dos de Oviedo y algunos de otros lugares. Yo no soy una persona de renombre, no soy columnista, no salgo en televisión. Para ciertas editoriales algunos somos escritores emergentes. Me hace gracia el término, porque llevo más de dos décadas escribiendo y publicando, abriéndome camino sin padrinos.

CHC: El nombre, o la labor de un/a representante, ¿qué porcentaje tiene en el éxito de una novela y de un autor?
FP: Un ejemplo. Conocí a una periodista de Barcelona a la que una agente le propuso escribir una novela. Antes de que la tuviera siquiera terminada le había negociado la traducción a cuatro idiomas. Sonrojante. Hay otros muchos casos sangrantes. Un agente vive de sus porcentajes. Logra ventas. Le importa que el rostro del autor sea conocido y que se sepa vender bien. La calidad del texto puede estar presente o no.

CHC: ¿Qué opina de los autores/as que firman libros escritos por los denominados «negros»?
FP: Me producen lástima. Podrán conseguir beneficio con sus ventas, pero no sé cómo tendrán su conciencia. Están confeccionando mercancía. Venden humo y mentira.

CHC: ¿Qué opina de los Best Sellers?
FP: Evito la literatura ligera. No me aporta nada, no me deja huella. Pero respeto que haya gente que lea ese tipo de libros. Siempre será mejor que ver un mal programa de televisión.

CHC: Jugando a ser «malos» se dice también que hay autores y autoras que guardan en el cajón de su escritorio el contrato de algunos de los principales premios literarios del Estado, o sea, que en el momento que lo firmen y acepten las condiciones, tienen el premio asegurado. ¿Qué opina?
FP: Aconsejo no gastarse un euro en fotocopias y paquetes para ciertos certámenes. Apestan a distancia. Siempre defenderé los premios medianos, a los que se presentan obras firmadas con seudónimo y cuyas dotaciones no son tan elevadas como para estimular fraudes. De ahí para arriba, todo es hipocresía. Cosas que se deciden en despachos, no juzgando la calidad literaria de una obra sin firmar.

CHC: Si a usted le llegara (en caso de que no le haya llegado) una propuesta así, ¿cómo se lo tomaría?
FP: Ni me lo planteo.

CHC: ¿Qué opina de los talleres de escritura?
FP: Son un excelente estímulo para gente aficionada. Aunque quien persiga logros profesionales puede sufrir al descubrir que no hay fórmulas mágicas. Pese a esto, creo que son elogiables las personas que los imparten y quienes ejercitan esa actividad tan liberadora que es el pensamiento (porque escribir es pensar en renglones). Posiblemente quien asista a un taller, leerá además con auténtica devoción.

CHC: ¿Se puede llegar a ser buen escritor si no se lleva dentro esa especie de… «don»?
FP: Difícil pregunta. Yo carecía de preparación académica, de una gran experiencia vital y de un desorbitado bagaje lector. Y sin embargo comencé a escribir y a publicar. Conozco a gente que estudió filología o periodismo y jamás han logrado publicar. Yo no lo entiendo. No encuentro explicación.

CHC: Más de una vez usted me ha hablado -también lo deja caer en su blog- de las dificultades que conlleva para escribir de una manera regular el ser padre de tres hijos. Teniendo esto en cuenta, ¿cómo es el proceso literario de Fernando Palazuelos?
FP: Complejo. Cuando vean a un tipo delgado retocando su manuscrito en el metro a las siete de la mañana, ése soy yo. (Sí, más de una vez me he pasado de estación). Aprovecho huecos, ratos residuales, veo poca televisión, trabajo a horas extrañas. Debo conciliar la paternidad, las tareas de casa, el trabajo, y esta singular parcela de mi cerebro llamada literatura. Mi segunda novela la escribí prácticamente en el tren de cercanías de Renfe, cuando hacía cuatro viajes al día. Es una novela fragmentada, con capítulos breves. Decidí construirla así por ese motivo.

CHC: ¿Qué es primero, una idea repentina que da pie a un escrito o la búsqueda de una idea para ponerse ante el teclado?
FP: Hace falta un germen bueno, una gema en bruto, idea sin modelar que encierre potencial. Todo lo demás es trabajar y mejorar, darle cuerpo, crear personajes, situaciones, dejar latir pensamientos. Todo para hacer de una mentira un modo de hablar de la verdad.

CHC: ¿Cree en la inspiración?
FP: Existe, pero como dijo Picasso, debe encontrarte trabajando. Aunque yo añadiría que planchando o fregando platos una idea puede llegar de súbito: lo importante es que uno tenga una libreta a mano para anotar esa idea.

CHC: ¿Es un autor de tiempos regulares o no lleva un patrón de días y horas?
FP: Lo único regular en mi casa es que hay que estar al pie del cañón constantemente. De modo que cada proyecto tiene fecha de inicio pero nunca fecha de finalización. Por fortuna, no suelo pasar de año y medio. (Excepto con Funámbulos ciegos, novela breve que he tardado diez años en terminar, retomando el proyecto en diferentes fases, puliendo, retocando, mejorando el texto poco a poco).

CHC: ¿Relee mucho sus escritos?
FP: Muuucho. El lector lo agradecerá siempre.

CHC: ¿Corrige mucho sus escritos?
FP: Más que corregir, rotulador en mano busco modos más efectivos de explicar algo. El ejemplo de un maestro: Vonnegut escribió más de dos mil folios para dejar su mejor novela en doscientas páginas. Amén.

CHC: Con los manuscritos, ¿es un padre exigente o un padre benevolente?
FP: Exigente.

CHC: ¿Qué es lo que menos le gusta de su manera de escribir?
FP: Que se me escape alguna frase recargada. Si la detecto, la extirpo.

CHC: ¿Y lo que más le agrada?
FP: Ser genuino.

CHC: ¿Cree que posee un estilo peculiar?
FP: Uno mismo nunca lo sabe. Eso se ve desde fuera.

CHC: ¿Cómo definiría su prosa?
FP: Procuro que deje algo de poso en el lector.

CHC: ¿A cuántas personas deja leer sus borradores?
FP: A una o dos como mucho. Algunos proyectos a nadie. Me gusta sorprender incluso a los más cercanos.

CHC: ¿Hasta qué punto le influye la opinión de sus lectores de borradores?
FP: Soy terco. Pero si me aportan una sugerencia sensata, la tengo en cuenta.

CHC: ¿Y la de sus lectores una vez publicada la obra?
FP: No me influyen apenas. Además, cuando llegan ya estoy enfrascado en algún otro proyecto, entusiasmado con nuevas propuestas.

CHC: Más de un autor y de una autora afirman que sus más allegados no leen sus escritos jamás, es decir, ni en borrador ni en publicación. ¿Qué opina de ello?
FP: Es triste.

CHC: ¿Es también su caso?
FP: No. Mi mujer y los más allegados me leen. A veces todavía les sorprendo.

CHC: ¿Qué puede decirnos de su poemario La memoria de los esclavos?
FP: Quise hablar de ciertas cosas. Curiosamente antes del movimiento 15-M, me preocupé de mostrar mi visión de esta sociedad de principios económicos tan agresivos, tan cubierto de hipocresía. Mis páginas proponen una rebelión silenciosa, la insurgencia del pensamiento, de la capacidad crítica. Hablo de evitar las inercias, la envidia, la ambición sin freno. E intento destilar humanidad en medio de este jaleo sin escrúpulos.

CHC: Es su único trabajo poético. ¿Se ha tratado de una flecha solitaria o tiene en mente algún otro conjunto de poemas?
FP: Estoy trabajando en otro texto poético, que incluirá ilustraciones mías. Voy despacio.

CHC: Hablemos un poco de teatro. ¿En qué se diferencia para usted la creación de una novela y de una obra teatral?
FP: El teatro me apasiona. La sensación de artificio se olvida al de cinco minutos. El espectador se mete en la historia, que vive y late ante sus ojos. Es diferente a leer. Todo cobra vida, vigencia, fuerza. Se puede conmover y divertir de un modo tan directo que convierte el texto, el trabajo actoral, la música y la escenografía, en un universo que nos atrapa.

CHC: Yo tuve el placer de asistir, creo que en 2010, al estreno en Sestao de su obra Billete a Vidanueva. ¿Qué puede decirnos de ella?
FP: Se estrenó unos meses antes en el Teatro Principal de Castellón (muy similar al Arriaga). Ver la obra con la sala llena a rebosar fue maravilloso. Es una tragicomedia. Provoca la risa pero nos agita con el mensaje de un modo contundente. Lo humano late en esa historia. Uno de los actores lloró de verdad en la representación. Eso sucedió en otra obra posterior. Me emocioné.

CHC: A la hora de escribir una obra de teatro, ¿ha llegado a sentir en alguna ocasión la «claustrofobia» que supone el delimitar el espacio a un escenario?
FP: No. He obtenido un accésit precisamente por una obra de micro-teatro que discurre en una habitación.

CHC: Para terminar, dedíquenos unas palabras, un pensamiento, unos versos, una reflexión, un aforismo, lo que le apetezca.
FP: Pues me apetece compartir un cuento hiperbreve. Está incluido en Ficcionarium. Se titula Torre de Babel:
«¡Más ladrillos, condenados holgazanes!», gritaban los capataces desde varios lugares de la construcción. Y en medio de aquel jaleo idiomático, los operarios una y otra vez entendían: «¡Ánimo, seguid así y se os duplicará la paga!»

Más información sobre Fernando Palazuelos: http://fpalazuelos.blogspot.com.es/

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