pablo gonzalez de langarikaEl pasado viernes, día 18, fallecía en Bilbao Pablo González de Langarika, poeta.

Parece éste el momento propicio para reseñar que fue uno de los fundadores del Colectivo Poetas por su pueblo o que desde 1989 venía dirigiendo –codirigiendo desde 1981- de manera brillante la prestigiosa revista Zurgai. También que era autor de una buena ristra de trabajos y una figura reconocida, valorada y elogiada. Podría añadirse que su obra fue galardonada en diferentes certámenes, como el Premio Alonso de Ercilla, el Premio Imagínate Euskadi o el Premio Nacional de Yecla.

Sin embargo, lo único que me apetece en estos momentos es recordar su presencia serena, su mirada atenta, su capacidad para escuchar y sus sensatas reflexiones. Imagino el vacío y el dolor de llaga abierta de aquéllos y de aquéllas que tuvieron la gran fortuna de tratarle de cerca y de manera asidua, porque yo, que le traté poco, siento en alguna parte de mí algo así como una puerta abierta por la que sólo entra un viento frío que apaga el ánimo y enciende el malestar.

En honor a Pablo, a su memoria, a su trabajo y a su aportación al digno oficio de escribir, uno de sus sonetos:


AUTORRETRATO

Sólo un sueño sin alma ni esperanza,
una inmensa llanura entre los ojos,
marea azul que acerca en sus rastrojos
la voz de un aire herido que no avanza.

Una pasión hendida en una lanza,
un cuerpo que se excede en sus antojos,
la palabra que, inmersa en sus abrojos,
cita el lugar extraño que no alcanza.

Un universo gris precipitado:
las notas del bolero de Ravel
y el giro de un querer desarbolado.

Desgrana un ave, triste, en el dintel,
de un corazón el viejo son callado
que vierte arteramente en un papel.

Las cookies nos permite mejorar la navegación. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies. +info