pedro elias-bangkokEn más de una tertulia literaria de las que he tenido el placer de participar, se ha hablado de la emoción que despierta en un escritor o escritora el descubrir en el Metro, en una cafetería o en un parque, a alguien leyendo la obra de uno. Es una sensación bastante complicada de describir. ¿Alegría?, ¿orgullo?, ¿impulsos de pegar un brinco haciendo chocar los talones emulando a Fred Astaire? De todo un poco.

Personalmente no puedo presumir de un rosario de situaciones como las descritas, pero sí de unas pocas, y puedo asegurar que el placer experimentado es grande. Una de las que más recuerdo tuvo lugar en El Corte Inglés de Bilbao. Pudo ser entre 2006 y 2007.

Con cierta regularidad asistía a contemplar mis novelas y a conversar brevemente con los encargados de la sección de librería, Javier y Ángel, que siempre me trataron con una deferencia exquisita y mantuvieron mis títulos en una mesa central durante años. Una de aquellas tardes descubrí a un señor, elegante, trajeado, leyendo la contraportada de Ignacio. Los años de la espada. Más nervioso que curioso seguí atentamente sus reacciones. En un momento dado, el hombre alzó la vista y, bien por pura casualidad o bien porque mi expresión delataba a distancia la expectación que me embargaba, se me quedó mirando, luego cotejó mi rostro con la foto de la novela y sin dudarlo se acercó a mí y se presentó. Jesús Vallejo. Me conocía de mis novelas de El Ayalés y quería comprar aquella novela sobre Ignacio de Loyola para su padre. Intercambiamos correos electrónicos y durante un tiempo mantuvimos correspondencia.

La última anécdota de este tipo ha tenido lugar hace unos pocos días. El coprotagonista tiene por nombre Pedro Muñiz Fanjul, residente en Donostia-San Sebastián y a quien conocí hace un tiempo en el universo virtual de Facebook. El pasado viernes, Pedro subió a mi biografía la fotografía de una librería en la que, entre unos cuantos libros, se veía mi Los caminos de Elías. El Ayalés, bajo el texto: Mirar lo que me he encontrado en una librería de Bangkok.

Tras la primera sorpresa, y una vez analizada la imagen, llegué a la conclusión de que era un montaje y así se lo comenté. Efectivamente, era un montaje. La respuesta de Pedro fue: Hola José Luis. He estado en Tailandia y me lleve tu novela. Casi la tengo acabada. Me esta gustando, he retrocedido cinco siglos.

Agradecí la broma, por el mensaje que la misma conllevaba, y agradecí aún más la fotografía que subió a Facebook el domingo –y que ilustra estas líneas-, acompañada del siguiente mensaje: Por cierto, la broma me salió cara. La instantánea despertó la curiosidad de mi padre y literalmente me la arrancó de la manos. Por suerte veintidós días después la recuperé.

Queda todo dicho: sensaciones bastante complicadas de describir.

Por cierto, quizá en un futuro la situación se dé a la inversa. Pedro Muñiz Fanjul se haya actualmente enfrascado en la redacción de su primera novela.

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