la embajadaEl pasado lunes, día, 11, pudimos disfrutar del último capítulo de la serie La embajada, producida por Atresmedia en colaboración con Bambú Producciones, emitida por Antena 3 y, a mi juicio, la mejor serie española de los últimos años.

Desde su argumento hasta su desarrollo, pasando por el tratamiento fotográfico y un flashback utilizado en dosis bien medidas, la serie no ha pinchado en momento alguno, manteniendo, por el contrario, un pronunciado in crescendo en los últimos capítulos.

La dirección se la han repartido Carlos Sedes y Eduardo Chapero-Jackson, que han sabido sostener la obra se manera que no se notara el cambio de mano.

Pero si hay algo que quiero destacar es la elección del reparto. Todos los personajes son creíbles, mantienen su perfil sin salirse ni un ápice y crecen a medida que pasan los capítulos, algo que a menudo patina en la mayoría de las series. Las diferentes parcelas -protagonistas y secundarios- están tan bien hilvanadas que la diferencia entre ellas no se nota, pues todo sucede de una manera perfectamente verosímil. Abel Folk, en su papel de embajador, Raúl Arévalo, en el de Ministro Consejero, Belén Rueda, como esposa del embajador, Carlos Bardem, dando vida al empresario Francisco Cadenas, más Melani Olivares, Maxi Iglesias, Chino Darín, Amaia Salamanca, Megan Montaner, Úrsula Corberó, Pedro Alonso, David Verdaguer, Ana Gracia, Tristán Ulloa, Alicia Borrachero y Paulina Gálvez entre otros, dan muestra de un talento y de una disciplina dignos de aplauso y de reconocimiento.

La trama gira alrededor de la embajada española en Tailandia, en la que impera la corrupción a gran escala, una corrupción protagonizada por altos cargos y por empresarios, con la colaboración de miembros del gobierno tailandés.

El mensaje, la moraleja, de la serie puede basarse en la falta de moral, de escrúpulos, de humanidad, de aquellos y aquellas que, subidos al poder, no dudan en manipular, extorsionar e incluso asesinar; en la vorágine en que puede verse encerrada una persona cuando las pasiones se mezclan con la política; en la lucha personal por mantenerse íntegro cuando la propia integridad corre peligro; en la apatía y desidia de un gobierno a la hora de resolver asuntos farragosos, primando la imagen del país sobre las personas.

Sin embargo, pese a todos estos atractivos, la serie no ha tenido el éxito esperado y, a mi humilde entender, más que merecido, hasta el punto de que, debido a la caída de audiencia semana tras semana, no habrá una segunda temporada. Aunque visto el estado actual del Estado español en los últimos meses, los resultados de las elecciones de junio y el triste papel que están representando los líderes de los cuatro principales partidos, que La embajada haya fracasado resulta lo más lógico.

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