enrique reyHace unos pocos días tuve el honor de ser invitado al estreno en Bilbao del cortometraje Entre la sombra y la vida, del realizador Enrique Rey. Confieso que -seguramente por algún defecto en mi maquinaria cerebral- casi siempre recibo con reticencia las puestas de largo de todo tipo de eventos, pero también es cierto que si me seducen y me impresionan lo reconozco, lo manifiesto y lo aplaudo fervientemente. Éste fue uno de esos casos. Entre la sombra y la vida cuenta, en 8´, la esencia de una vida, el mensaje de un instante en el que, gracias a un suceso luctuoso, una persona descubre la realidad de su existencia.

Tras la proyección -con asistencia numerosa- tuve ocasión de conversar brevemente con Enrique Rey. Me bastaron esos pocos minutos para comprobar lo que ya él se había encargado de reflejar en su cinta: que es alguien dotado de una gran sensibilidad y de un buen gusto realmente envidiable.

Vamos a conocerle un poco más.

CHARLANDO CON…: Bienvenido a Charlando con… Por favor, preséntese. ¿Quién es Enrique Rey?

ENRIQUE REY: Alguien que intenta abrirse paso en el mundo audiovisual y que paso a paso consigue hacer proyectos de los que sentirse orgulloso.

CHC: Fotógrafo, guionista, director… ¿En qué parcela se encuentra más cómodo?
ER: Bueno, antes de nada tengo que aclarar que yo no soy guionista, he escrito los guiones de mis cuatro cortos y alguno más que no ha visto la luz, aún, pero no me dedico a ello. En cuanto a fotógrafo o director todo depende de momentos vitales, hay momentos en los que la fotografía te aporta el poder de hacer las cosas en un formato reducido, con un equipo mínimo, y otros sin embargo quieres contar algo de otra manera y necesitas un equipo detrás. La ventaja de la fotografía es que es más inmediata y la dirección es una carrera de fondo.

CHC: Si tuviera que escoger una, con cuál se quedaría?
ER: Yo, si pudiera, me pasaría rodando todo el día, jaja. Es curioso porque a la mayoría de los directores les gusta el montaje pero a mí, que no me considero director, el rodaje me parece fascinante, por la gente, el ambiente y sobre todo porque en ese momento estás contando una historia, creando un universo propio y esa sensación cuando baja la claqueta y se dice acción es fascinante. El montaje sin embargo es demasiado solitario y el cine es colaboración y trabajo en equipo.

CHC: Hablemos de su último cortometraje, Entre la sombra y la vida ¿De dónde nació la idea?
ER: La idea surge de un relato inconcluso que realicé para un taller de escritura hace más de un año, cuando surgió la idea de hacer de nuevo un corto le di vueltas a varias opciones y como esa ya estaba avanzada aunque no terminada decidí quedarme con ella y desarrollarla.

CHC: ¿Qué ha querido contar con este trabajo?
ER: Quería, queríamos porque mi mujer ha sido parte imprescindible de todo el trabajo, hablar de la soledad en las ciudades y de lo que supone para una persona huir de su hogar y llegar a un sitio en el que nadie te conoce.

CHC: A mí me preció que el tema perfectamente podía dar para un largometraje. ¿Comparte esta impresión?
ER: Puede ser, con un tratamiento distinto porque el juego de las voces en off no da para hora y media, podría resultar una combinación interesante de drama personal y trama policiaca.

CHC: Si es así, ¿barajó esa posibilidad en algún momento?
ER: No, el largo es algo que de momento queda lejos, está siempre presente pero...

CHC: Más de una vez he pensado que el cortometraje es al mundo del audiovisual lo que la poesía al literario, es decir, una obra breve en la que toda la historia a contar, todo el mensaje, debe ser diseñado, ordenado, condensado y medido con una precisión absoluta para que el resultado sea impactante, sin fisuras, para que nada quede, digamos, incompleto. ¿Qué opina de esto?
ER: Claro, sin duda. En un largo te puedes permitir el lujo de incluir más cosas, en definitiva no ocurre nada si dura 90 o 100 minutos, la película se va a proyectar tres veces en una tarde y ya está. Pero el caso del corto es muy distinto y más complicado. No se puede pasar de 10 a 20 minutos sin más, esa es la diferencia. Por eso precisamente es más sacrificado, porque pese a que aquel plano te gustaba mucho y te llevó una hora hacerlo tiene que quedar fuera del montaje porque no aporta nada, y en algo tan medido si no ayuda a que la historia avance debe ir fuera.

CHC: Una de las mayores críticas negativas que suelen hacerse del formato cortometraje es que muchos de ellos te dejan con la sensación de no saber qué se ha visto, de que el final es ambiguo, de que se juega mucho a dejar cosas en el aire. ¿Cómo lo ve?
ER: Pero en parte eso es lo bueno, en ocasiones, porque el corto es un gran medio para poder experimentar, para poder contar cosas de manera distinta y probar ideas. En definitiva el riesgo económico es pequeño, algo que no ocurre con un largo en el que se invierte medio millón de euros por ejemplo y del que hay que sacar un beneficio.

CHC: Y uno de los mayores elogios que recibe el cortometraje es que en un tiempo reducido te cuenta toda una historia, que te produce emociones muy potentes, que su mensaje te llega como una bofetada, como un beso inesperado. ¿Está de acuerdo?
ER: No sólo eso, sino que te tiene que dejar con ganas de más o de volver a verlo.

CHC: En Entre la sombra y la vida, aparte de otros aspectos, me fascinó la interpretación del equipo actoral, lo creíble de sus respectivos personajes y lo mucho que supo transmitir sin palabras, lo cual revela, a mi entender, un buen trabajo por parte del director. ¿Es así, trabaja mucho con los actores y actrices?
ER: Bueno, lo primero gracias. Intento trabajar con ellos lo máximo, aunque en este caso no ha habido ensayos previos, sino ya en el mismo momento del rodaje. Creo que es imprescindible olvidarse de los aspectos técnicos, algo que no siempre es posible. Ya se puede tener el mejor plano posible que sin una buena interpretación no se va a conseguir nada, por eso a mi juicio el director necesita una buena compenetración con su ayudante primero y con el director de fotografía después, para, en el momento del rodaje, estar con los actores, porque el guión crea un personaje, pero luego los actores lo complementan con su visión y sus ideas y estas surgen sobre todo cuando ya están en el lugar, cuando están caracterizados, cuando han interiorizado que son otra persona. Y es imprescindible escucharles y crear juntos. Algo que en “Entre la sombra” ha sido particularmente fructífero porque al no tener diálogo era necesario que cada uno aportara su visión y no sólo lo han hecho sino que el resultado sin esa aportación de cada uno hubiera sido totalmente distinto.

CHC: ¿Cuáles son los contratiempos más habituales en un rodaje?
ER: El tiempo disponible sin duda. El cortometraje es una colaboración en la mayor parte de los casos, pocos habrá donde el equipo cobre, lo que limita el tiempo del que dispones para rodar porque tienes que conciliar el trabajo de cada uno, sus horarios y su vida personal y aunque en general todo el mundo es muy generoso sabes que hay un límite, no puedes pedir más horas o más días y tienes que decidir cuando algo es bueno para poder pasar a lo siguiente y así terminar.

CHC: ¿Cuál es, a su juicio, la principal virtud de un director?
ER: Desde mi punto de vista no es sólo conseguir que todo el equipo camine en la misma dirección, sino que cada uno de ellos considere el trabajo como propio, no es cuestión de pensar estoy ayudando o trabajando para sino que el corto, o el largo, o la obra de teatro es casi tan mía como del responsable. Si el director consigue eso el resultado estará muy por encima de lo imaginado en un primer momento.

CHC: ¿Existe algún director/a que haya sido, o sea, su referente?
ER: Spielberg sin duda, para mi uno de los mejores narradores del cine de toda la historia.

CHC: Entre una buena acogida por parte del público o una buena acogida por parte de la crítica especializada, ¿con cuál se quedaría? Y no me diga, por favor, que son compatibles, aunque lo sean.
ER: La cuestión es que en definitiva el cine es un negocio, y aunque en el caso del corto es distinto porque no se crea pensando en un beneficio económico, es necesario aunar las dos cosas. No me imagino a un director de un largo pensando en que sólo la crítica hable bien de su película, porque ningún productor le volvería a llamar. Yo he visto películas como público que no me han gustado y sin embargo la crítica las ha calificado de estupendas, y aún no sé por qué, quizás simplemente por no llevarse la contraria unos a otros. Así que prefiero una buena acogida por parte del público, en definitiva ellos pagan en su caso las entradas, y una buena acogida general te lleva a poder hacer una segunda, o una tercera, etc...

CHC: ¿Cree que el cortometraje se considera como un arte menor, como un hermano pequeño del largometraje, como un subgénero?
ER: No es que se considere un arte menor, es que un gran desconocido de cara al gran público, algo que, por ejemplo, no pasa en la literatura con el relato corto. Cortazar, Borges, Ana María Matute, Lovecraft son grandes creadores de historias cortas y son admirados en todo el mundo. El problema del corto en España, cosa que en Francia, por ejemplo, no ocurre, es que queda reducido a un ámbito muy pequeño, festivales o muestras de cortos, y eso hace que no tenga esa consideración que tiene un largo.

CHC: Le pregunto esto porque me da la impresión de que al mundo del cortometraje le sucede con el del largometraje lo mismo que al del resto de deportes con el fútbol: que es más famoso un jugador o un entrenador de segunda división que un deportista que haya ganado un Mundial en su especialidad. ¿Está de acuerdo con la comparación?
ER: Sin duda, no hay más que ver las peleas que la Academia del cine tuvo hace unos años con los nominados a Mejor corto cuando quiso quitar el premio de la ceremonia de los Goya, o lo que ocurrió el año pasado con los guionistas. Y no sólo ocurre con los cortos sino con cualquier película que no lleve detrás un director o actores conocidos o que no esté respaldada por una cadena de televisión.

CHC: ¿Cuál es el mejor cortometraje que haya visto jamás?
ER: Buena pregunta, pero difícil... Lo que si puedo decir son algunos que recuerdo, desde Democracia de Borja Cobeaga que me pareció un guión de 10, a uno de los capítulos de En los límites de la realidad, precisamente uno dirigido por Spielberg que era un cuento sobre la juventud y los recuerdos.

CHC: ¿Qué hace bueno o malo a un corto?
ER: La historia, siempre es la historia, la base de todo empieza por un buen guión. Podemos tener los mejores actores, técnicos, rodar desde un helicóptero, ropa de época, lo que sea, pero sin una buena historia no hay nada que hacer.

CHC: ¿Hay algo que nunca pueda faltar en un cortometraje?
ER: Lo dicho, una buena historia.

CHC: ¿Se puede vivir del cortometraje?
ER: No, jajajaja. El cortometraje en estos momentos un complemento de otro trabajo, atrás quedó la idea de que el corto era el paso previo al largo, del que tampoco se vive, o en España lo hacen muy pocos. En la actualidad la única salida que tienen los cortos son los festivales, y ganar alguno sólo da para recuperar la inversión, o parte, que Hacienda está presente, o, generalmente, para ahorrar y pensar en el siguiente.

CHC: ¿Puede hacerse un buen corto partiendo de un mal guion?
ER: Se pueden hacer muchas cosas a partir de un mal guión, algo efectista, algo en lo que dominen otros aspectos, como la fotografía, la música, etc... pero en definitiva esas son cosas que ayudan a realzar una buena historia. Lo que si se puede hacer es algo en lo que la forma domine sobre el fondo, pero entonces ya no será ficción sino algo más experimental, o videoarte.

CHC: ¿A qué guionistas admira?
ER: Más que guionistas hay un cine al que admiro y es el clásico de Hollywood, desde Lubitsch a Wilder, Hawks, Houston... y sobre todo el genero de la comedia de los 30, 40.

CHC: Para ser alguien en el mundo artístico, ¿hay que trasladarse obligatoriamente a Madrid?
ER: Lo que ocurre es que en Madrid y en Barcelona está la poca industria que hay en España en el terreno audiovisual lo que hace que conocer a gente sea más sencillo, y luego que allí también están el Ministerio de Cultura o las televisiones. Pero no es imprescindible, no hay más que ver el caso de Amama, producción vasca en euskera y seleccionada para los Oscars.

CHC: Es bastante habitual ver a actores y actrices de teatro, cine y televisión apareciendo en cortometrajes, incluso en trabajos de realizadores noveles. ¿Cómo se «engaña» a un famoso/a para que participe en tu corto?
ER: Volvemos a unas preguntas más atrás, con una buena historia, con un buen personaje. En mi tercer corto conté con Joan Llaneras, que en ese momento era uno de los protagonistas de “Amar en tiempos revueltos” y fue un placer tanto a nivel profesional como personal. Estuvo encantado desde el primer minuto de participar y eso que tenía que desplazarse desde Madrid. Le gustó la idea y el personaje y dijo que si. En definitiva saben lo complicado que es empezar.

CHC: ¿Cuál es la «magia» de la fotografía?
ER: Capturar el pasado, porque cualquier fotografía recoge un instante que no va a repetirse.

CHC: ¿Cuál es a su juicio la principal virtud de un fotógrafo?
ER: Tener una mirada inquieta, una mirada que lleve a buscar nuevas cosas que contar o a volver sobre las ya conocidas pero con un punto de vista estético o narrativo distinto.

CHC: ¿La posee usted?
ER: Si, buena o mala mirada inquieta si poseo.

CHC: Usted trabaja el retrato, el paisaje, la naturaleza… ¿se trabajan de manera diferente?
ER: La respuesta corta es si, la larga es si pero.... para mi lo fundamental sigue siendo la luz, y en ese sentido la cuestión es dominarla, sea natural o artificial.

CHC: ¿Su fotógrafo/a de cabecera?
ER: Parece que al igual que en el cine vuelvo la mirada hacia atrás pero por su humor, su crítica y su estética admiro a Elliot Erwitt, fotógrafo estadounidense que sigue en activo a sus 87 años. Luego yo no hago nada ni remotamente parecido pero me parece que posee una de las miradas más interesantes en fotografía.

CHC: Uno de sus alumnos/as le pregunta si debe enfocar su esfuerzo hacia la fotografía o hacia el audiovisual en cualquiera de las ramas que este puede presentar, ¿qué consejo le daría?
ER: Que todo es complementario y que la facilidad de trabajo que ha traído el digital permite hacer las cosas de manera más sencilla y probar distintos aspectos.

CHC: ¿Cómo ve el panorama audiovisual a nivel de Euskadi, cómo a nivel del Estado español y cómo a nivel internacional?
ER.: El internacional lo desconozco, pero a nivel de Euskadi el problema sigue siendo la falta de un apoyo que vaya más allá de subvenciones y ciertas iniciativas como Kimuak que se demuestra que se quedan cortas. Este año se han presentado 63 cortometrajes y sólo se escogen 7. Eso por una parte, por otro lado no hay industria, hay personas que se reúnen para hacer un corto o un largo pero nada estable y algunas de las pocas cosas que se han hecho a nivel estatal, como los estudios Ciudad de la Luz de Alicante, ya se ha visto cómo han terminado, vendidas por partes. Luego los políticos luchan porque series como Juego de Tronos rueden en España, pero ¿y los de dentro? Hace unos días salía publicado en los periódicos que la mitad de los actores españoles no ha trabajado ni un día en los dos últimos años, ni un día como actor claro. Eso es tremendo, pero seguirá ocurriendo mientras ocurran cosas como que TVE se gaste el dinero de todos en comprar la versión estadounidense de los Misterios de Laura cuando el origen de la serie es español y aquí sólo se rodaron tres temporadas.

CHC: ¿Cree que desde los organismos pertinentes se fomenta debidamente el amor a al cine, al espectáculo audiovisual, a la cultura?
ER.: No, ni muchos menos. Yo no veo al presidente del gobierno acudir al cine normalmente, no hablemos de la entrega de los Goya, sin embargo algunos no faltan a las finales de la Copa o la Champion, y no son cosas excluyentes. Y quien habla del presidente habla del Lehendakari o del Alcalde. Parece que la tan nombrada Marca España sólo se refiere al deporte cuando el cine y la cultura en general mueven millones, generan puestos de trabajo y son reconocidos a nivel internacional. Sólo hay que poner como ejemplo el turismo, los políticos no hablan más que de las excelencias de nuestras playas, del sol y de la comida, ¿y todos los turistas que vienen por el patrimonio arquitectónico? ¿todos los que llenan el Prado o el Guggenheim?
Sin ir más lejos durante años el anterior alcalde de Bilbao no acudía a ninguno de los festivales de cine que se realizan en la ciudad porque esa gente de la farándula.... no le interesaba. Eso si, a San Mamés a ver al Athlétic no faltaba. Pero era alcalde de todos y para todos ¿no?
Lo bueno es que sin embargo el público apoya mucho más el arte en general de lo que lo hacen quienes lo tienen que cuidar y fomentar.

CHC: Si estuviera en su mano, ¿qué decisiones adoptaría para mejorar el estado actual del ámbito cultural en general y el del audiovisual en particular?
ER.: Lo primero es hacer ver que la cultura no es algo que pertenezca al ámbito de un partido u otro, sino que pertenece al conjunto de la sociedad y que cada euro invertido en ella revierte y beneficia a todos. Sólo eso sería un paso de gigante. Y sobre todo valorar todo lo que tiene un país, todo el capital humano y artístico que poseemos que es mucho y muy importante.

CHC: Para terminar: ¿cuál es su meta, su máxima aspiración como profesional?
ER: Sin duda el largometraje.

Más información sobre Enrique Rey en http://www.lucesdelayer.com

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