lorca viznarPosiblemente, recordar el aniversario del crimen de una persona, citando su nombre y apellidos, cuando hubo tantas asesinadas cuyos nombres nunca serán pronunciados; evocar la vida, la figura y hechos de alguien en concreto cuando hubo tantas vidas segadas que también tenían su mundo, sus méritos y sus seres queridos, pueda resultar frívolo e injusto, pero es el precio que debemos rendir a un Olimpo que nosotros mismos hemos creado: el de la fama.

Federico García Lorca ascendía a ese Olimpo, o quizá sea más correcto decir que era ascendido a ese Olimpo, cuando fue triste y cobardemente asesinado entre el 17 y el 19 de agosto -todas las incógnitas sobre ciertos aspectos del hecho aún no se han despejado-, del año 1936, un mes después de que los militares encabezados por el general Francisco Franco se alzaran en armas contra el gobierno legítimamente establecido.

Fue fusilado de madrugada, en compañía de otros desdichados como él, en un punto entre Víznar y Alfacar, no muy lejos de su pueblo natal.

Se ha llegado a decir que lo mataron justamente por «rojo, ateo y maricón», que «él se lo había buscado», que «si no hubiera provocado tanto...». Quienes esto dijeron, sin duda alguna, lo hubieran fusilado de buen grado si no lo hubieran hecho otros en su momento.

No es mi propósito ahora ensalzar la figura de Lorca, ni convertirlo en héroe de guerra alguna, ni situar su nombre, como ciudadano, por encima de ninguno de los muchos y muchas que sufrieron suerte parecida. Pero Federico era poeta, y dramaturgo, y artista, y por ello conocido y admirado -también odiado por quienes ven la cultura y la libertad de expresión como un ataque a su cerrazón y su analfabetismo-. Y por ello, quiero recordarle hoy de manera especial -su obra forma parte de mi vida cotidiana- por medio de uno de los poemas de Poeta en Nueva York, el libro que no pudo ver publicado. Con este Asesinato rindo homenaje a su talento, su magia y su osadía, y por medio del mismo recordar a todos y a todas los que, sin caminar hacia el Olimpo de los famosos, fueron asesinados por defender unos ideales, por la libertad, o simplemente por la sanguinaria sed de venganza aburda y ciega de quienes no entienden más razón que la muerte.

Calles y sueños

Asesinato

Dos voces de madrugada
en Riverside Drive

¿Cómo fue?
Una grieta en la mejilla.
¡Eso es todo!
Una uña que aprieta el tallo.
Un alfiler que bucea
hasta encontrar las raicillas del grito.
Y el mar deja de moverse.
¿Cómo, cómo fue?
Así
¡Déjame! ¿De esa manera?
Sí.
El corazón salió solo.
¡Ay, ay de mí!

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