tren arganda portadaEn noviembre de 1997, el mítico Ferrocarril del Tajuña realizaba su último viaje, un trayecto de 35,300 km entre Vicálvaro y la cementera de Morata de Tajuña. Para entonces, los 142,200 km que llegó a tener a principios del siglo XX ya habían sido recortados en sucesivas clausuras. Una buena parte de ese último tramo fue aprovechado para la construcción de la línea 9 del Metro de Madrid.

Sin embargo, el Ferrocarril del Tajuña no ha desaparecido completamente del paisaje. El pitido y el humo de su locomotora pueden seguirse oyendo y viendo gracias al Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (C.I.F.V.M.), una asociación sin ánimo de lucro que un grupo de amantes de los ferrocarriles fundó en 1987.

Desde 2001, los miembros del C.I.F.V.M. nos invitan a realizar un viaje de 4 km entre La Poveda (Arganda) y La Laguna del Campillo (Rivas), sobre el trazado original, a bordo de tres vagones de época tirados por locomotoras de vapor. La última de ellas, de nombre Aliva, fue fabricada por Orenstein & Koppel en 1926, procede de la Real Compañía Asturiana de Minas y, tras varios años de restauraciones, ha vuelto a rodar este pasado 5 de marzo.

Gracias a ellos, el dicho popular «El tren de Arganda, que pita más que anda», permanece vivo.

Iniciativas como la del C.I.F.V.M. son dignas de aplauso y merecedoras de ayudas para seguir manteniéndose activas y vigentes. Ellas son las que nos permiten mantener un contacto cercano con nuestro pasado, algo sumamente necesario en estos tiempos en los que parece que nada existía antes de nosotros y que todo se reduce a la pantalla de un móvil, una tablet o un ordenador. Hay cosas que es preciso oler, tocar, contemplar… Y apreciar el valor de unos tiempos construidos a base de esfuerzos, ilusión y sacrificios.

Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid (C.I.F.V.M.)

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