santi yanizSabía de él por algunos de sus trabajos, por el reconocimiento que acompañaba su trayectoria.

El pasado mes de julio le conocí en persona, sobre el terreno. Compartimos, junto a otros profesionales, varias jornadas de trabajo en un área que a ambos nos seduce tanto como nos motiva: la naturaleza.

Me gustó la paz que transmite, la sonrisa con que afronta los contratiempos, su manera de trabajar en equipo. Me admiró la discreción de sus movimientos, su eficacia, su humildad, su facilidad para estar siempre en el momento justo, a veces camuflado en su silencio, a veces invisible. Siempre atento a capturar el instante preciso.

Santi Yaniz. Viajero. Observador. Montañero. Fotógrafo.

CHARLANDO CON…: Bienvenido a Charlando con… Por favor, preséntese. ¿Quién es Santi Yaniz?
SANTI YANIZ
: ¡Hola! Santi Yaniz... hummm... muchas cosas juntas. Soñador, apasionado fotógrafo, escribidor con vocación de periodista, hambriento de montañas, naturaleza y vida.

CHC: ¿En qué momento de su vida la fotografía significó «algo especial» para usted?
SY: Probablemente en el momento en que vi aparecer la imagen en un papel que se revelaba en un baño químico. La culpa la tuvo un cura, el que nos daba manuales en bachiller, que montó un laboratorio en el colegio. Allí pasé encerrado ni sé cuantas horas ensimismado con las fotos.

CHC: Hasta ese momento, ¿qué era para usted la fotografía?
SY: Fotografiaba con los amigos y con la cámara de mi padre. Solo coleccionábamos recuerdos. Después comencé a jugar con la luz y las formas y ya empezaba a sentirme fotógrafo (jejeje).

CHC: En aquella época, el mundo de la fotografía, los materiales, los procesos, eran muy diferentes a los de hoy en día, tanto que muchos jóvenes no llegan a hacerse ni la mínima idea. Cuéntenos, ¿cómo se trabajaba en aquellos tiempos? Estamos hablando de principios de los años 70.
SY: Todo era muy lento pero muy apasionante. Fotografiaba al principio en blanco y negro, con una cámara muy rudimentaria, calculando la exposición a ojo. Había que esperar a terminar un rollo para revelarlo, en la cocina de casa, metiendo la película en el tanque en la oscuridad del baño. Revelar, baño de paro, fijar, lavar, secar... con el termómetro y el cronómetro de ayudantes. Lo mismo para positivar, a base de prueba-error y de trabajar con las manos bajo la luz de la ampliadora conseguíamos unas copias cada vez más dignas.

CHC: Para los que nunca han trabajado en un cuarto oscuro, díganos, por favor, lo que se siente en ese espacio cerrado, con esa luz roja, esas cubetas con líquidos… ¿Qué sentía usted en ese universo tan particular?
SY: De entrada está el aroma de los químicos, penetrante y que te llevas en las manos; la luz «de seguridad», esa bombilla roja que solo sacaba un punto de penumbra de las tinieblas. Y en ese ambiente el papel fotográfico conseguía lo que parecía un milagro: aparecía sobre él progresivamente la imagen. Había un camino lleno de magia y emoción en todo ese recorrido. Por fin había que secar las copias, al aire o en una esmaltadora para sacarles el brillo. Artesanía pura y llena de incertidumbres.

CHC: ¿Recuerda la primera cámara que tuvo?
SY: La primera que usé una super-capta, de rollos en formato medio, de bakelita, un trasto encantador, que aún guarda mi padre. Sólo hacía fotos con sol, pero todavía funciona.

CHC: ¿Recuerda las primeras fotografías que tomó?
SY: Le robé a mi padre algunos disparos, en el pueblo, en Navarra, en medio de una nevada que nos dejó bloqueados cuatro días. Están las casas y la calle, con un pasillo que hacíamos con una pala para poder caminar.

CHC: ¿Y las primeras que reveló en su particular laboratorio?
SY: Mientras aprendía a revelar experimentaba con la luz. Y conseguí un premio con una foto de un almirez iluminado muy suavemente con la lamparita de los deberes de casa. Ha estado hasta hace poco colgada en la pared de la casa paterna. Me gustaba también fotografiar los paisajes de la ría de Bilbao y la industria y por supuesto los árboles y las montañas.

CHC: En aquellos primeros años, ¿era de esos fotógrafos que disparan a todo lo que se muestra ante sus ojos o ya tuvo desde joven un campo predilecto?
SY: No podíamos disparar a todo, era cuestión de bolsillo. Había que pensar en qué gastabas cada disparo de los 16 que hacía un rollo, 36 después con las cámaras de 35 mm. Para ahorrar comprábamos la película en latas de 30 metros. Lo primero estuvo el paisaje, el del campo y el urbano-industrial, luego fue llegando la mirada a lo humano y la extensión a las cosas de las montañas.

CHC: Tengo entendido que iba para biólogo pero que al cruzarse la fotografía en su camino optó por esta última. ¿Por qué?
SY: Fue pura fatalidad; bueno, más bien error de gestión: no estudié suficiente en el primer curso de biológicas y perdí el primer tren, tuve que abandonar. Me reenganché con la fotografía, que ya me entusiasmaba entonces, y como me declararon inútil para el ejército me gané un año de vida que dediqué a darme la oportunidad de probar si podría vivir de aquello, si funcionaba como recurso económico. Y funcionó.

CHC: ¿Blanco y negro o color?
SY: Hago color necesariamente para trabajar y publicar pero nunca he dejado de hacer blanco y negro. La fuerza sintética del negro es además pura esencia del alma de la fotografía.

CHC: ¿Cómo vivió usted el paso del mundo analógico al mundo digital?
SY: Con bastante presión y reaprendiendo lo que no sabíamos nadie. Y duplicando el trabajo, haciendo al mismo tiempo analógico y digital.

CHC: ¿Qué se ganó y qué se perdió con ello?
SY: Se perdió una buena parte de la capacidad de la fotografía para ser soporte de veracidad. El analógico sigue teniendo unas texturas y gamas tonales diferentes que el digital, más sutiles y profundas, muy atractivas e interesantes. El digital, con los avances logrados hasta ahora, permite trabajar en condiciones mucho más críticas, de escasa luz, controlando el proceso y yo creo que lo mejor que tiene es que enseguida de haber hecho un disparo sabes lo que llevas en la cámara antes de marcharte del lugar. Pero por el contrario también es una lata la gestión de los archivos y la conservación sigue estando sometida a los avatares de la mecánica y durabilidad de los discos duros.

CHC: Hace unos meses tuve la oportunidad de compartir unas jornadas de trabajo con usted en Sierra Sálvada. Me admiró su facilidad para pasar desapercibido mientras realizaba su tarea. ¿Es ésa una de las principales virtudes que debe poseer un fotógrafo?
SY: Es una herramienta interesante que se aprende a utilizar con la experiencia. Los fotógrafos somos siempre intrusos y yo intento practicar una fotografía lo menos agresiva posible, lenta, basada en mirar y esperar. Los hechos fotográficos suceden por sí mismos si les dejas la paz suficiente y basta estar despierto para verlos.

CHC: Y hablando de virtudes y/o cualidades, ¿cuáles son las que debe tener un buen fotógrafo?
SY: Yo creo que saber observar, leer lo que se ve y lo que no se ve, porque de ese modo se puede intuir lo que trasciende a la superficie de las cosas, y lo que sucederá después; esto es igual para las luces, para los movimientos humanos y la acción, para el paisaje.

CHC: ¿Y los defectos, o vicios, que un fotógrafo debe evitar a toda costa?
SY: Eso es siempre muy personal, todos tenemos alguno particular. Por supuesto, evitar la tendencia a la mentira, muy fácil de practicar con las técnicas digitales; creo que es también un error perderse con los equipos y las técnicas, la sencillez elemental es el mejor aliado. Es normal ver a muchos fotógrafos que tras cada disparo examinan la imagen en la pantalla de la cámara y, mientras tanto, no ven lo que sucede ante su mirada, perdiendo muchas veces los mejores momentos fotográficos.

CHC: En esas jornadas comentadas le recuerdo cargado con varias cámaras colgadas de cuello y hombros. Así, a grandes rasgos, ¿para qué estaba calibrada cada una de ellas?
SY: Simplemente, en esos casos trabajo con tres cuerpos con ópticas distintas y de ese modo fotografiar no es más que un movimiento gestual. Mirando la escena encuentro las imágenes que me interesan y basta un movimiento sin estrépito, con la cámara que sé me va a dar el cuadro que he construido mentalmente, para fotografiar.

CHC: Desde un punto de vista estrictamente profesional, ¿qué fue lo mejor que extrajo de esos días en la Sierra?
SY: Siempre es la experiencia. Quizás logre a veces imágenes de interés pero para mí siempre priman las experiencias. Cada foto es para mí una experiencia y es lo que prefiero de este oficio: las oportunidades de conocer gentes y entornos nuevos, vivir intensamente y lograr con ello un aprendizaje constante.

CHC: Su trabajo ha sido reconocido con varios premios, incluso alguno de ellos de ámbito internacional. ¿Cuál de ellos le ha llegado más dentro?
SY: Quizás un Fotopress en Barcelona con una foto de montaña, muy reposada. No es una especialidad muy considerada en la fotografía deportiva, y quizás ése es su mayor mérito.
Por otro lado, ahora no soy demasiado dado a los concursos, ya tuve mi etapa llena de trofeos cuando era joven.

CHC: Es Licenciado en Prensa Escrita. ¿Qué aportó esta faceta a su labor como fotógrafo?
SY: En realidad fui a la facultad de periodismo por acercarme a encontrar campos de aplicación de la fotografía. Y nunca recogí mi título de licenciado porque el documento me interesó siempre muy poco y tampoco me hizo falta para trabajar. Pero el oficio compartido de periodista ayuda a ampliar la mirada del fotógrafo, te enseña en cada tema a completar un relato, visual en este caso; y viceversa, la mirada aguda del fotógrafo ayuda al periodista a explorar otros puntos de vista y mirar más allá de lo evidente. Cuando hago reportajes con otros periodistas agradecen mucho esa complicidad de los dos oficios, la mirada periodística en la fotografía.

CHC: Usted trabajó como guionista en la celebrada serie documental Euskal Herria: la Mirada Mágica, de EITB. ¿Qué significó para usted aquella experiencia? ¿Qué se siente al descubrir el mundo desde un helicóptero?
SY: Me sentí feliz de que me llamaran pero el accidente que sufrimos muy pronto, con la pérdida de tres compañeros, fue muy traumático y supuso una línea de tránsito decisiva en mi vida. La vuelta al programa, un año después, me llevó a volar de nuevo y, ciertamente, estar ahí arriba es un privilegio, una posibilidad fascinante para descubrir el mundo de otro modo.

CHC: El dron ha revolucionado el mundo de la fotografía y del video. Usted lo trabaja. SY:¿Qué significa esta nueva herramienta para un profesional, más allá de lo que todos podamos saber?
SY: Es un nuevo punto de vista, móvil, ágil, que lleva tu mirada a sitios insospechados y te permite explorar territorios visuales que hasta ahora eran imposibles.

CHC: Obtener fotografías desde un dron, ¿lleva el mismo proceso que con una cámara en tierra, permite los mismos recursos, se trabaja con la misma versatilidad?
SY: No, no es tan fácil. Es un manejo bastante delicado, está sometido a estrictas normas de seguridad y a los rigores de la meteorología y los vientos. Las cámaras no tienen tantos recursos, se está más limitado técnicamente. Y el procedimiento no es igual, hay que aprender a intuir, a previsualizar lo que se puede acaso ver desde más arriba antes de elegir un escenario para despegar, y al mismo tiempo hay que pilotar, estar atento a la navegación, a los parámetros de seguridad, manejar el control y, cuando es el caso, ajustar la cámara y fotografiar. Es complejo, pero también divertido.

CHC: ¿Cómo vive un «viejo lobo» como usted, el aluvión de imágenes que diariamente circulan por millones en las redes sociales?
SY: Con interés porque también de eso se puede aprender, pero al mismo tiempo con dolor porque cada vez está menos considerado el trabajo que hacemos los profesionales. Una buena parte del trabajo que antes se remuneraba ahora se hace, con una calidad ínfima la mayoría de las veces, por cualquiera. Ahora debemos competir contra otras formas de trabajo y al mismo tiempo aprender a utilizarlas como recurso para poder llegar más lejos.

CHC: Facebook, Instagram, etc… ¿benefician o perjudican a la esencia de la fotografía?
SY: Podríamos decir que la pervierten pero en realidad solo están cambiando sus fundamentos y el modo de consumo. Las imágenes en las redes no están hechas para perdurar, son tan efímeras como una nube y esa es al mismo tiempo su debilidad pero también su virtud. ¿Quién se acuerda del centenar de imágenes que sus amigos han compartido en redes ayer? ¿Acaso recuerda al menos una de ellas?

CHC: Estas tendencias, estas tecnologías, ¿le hacen sentirse en algún momento fuera de onda, pasado de moda?
SY: No, casi siempre estoy reinventándome y puedo presumir de ser innovador antes de que se hiciera común esa palabra. ¿O no lo es haber sido, por iniciativa propia, el primer fotógrafo y periodista en la península en mandar fotos desde el Everest con el primer teléfono satélite que entró en España? Era todavía la prehistoria de Internet y yo ya estaba allí, mandando una foto digital -¡de 250 Kilobytes!- en 12 minutos de transmisión, para la primera del periódico.

CHC: Desde sus inicios en el campo profesional, ¿cuál ha sido el descubrimiento, o la innovación, más importante en el mundo de la fotografía?
SY: Sin duda la digitalización, por las posibilidades que da de agilizar los procesos: captura, procesado y envío a larga distancia.

CHC: El progreso, en general, ¿está adquiriendo demasiada velocidad?
SY: Sí, es demasiado veloz, pero como todo en la sociedad de consumo. O se detiene todo para llevar otro ritmo o todo llevará velocidades similares y en eso estamos. Pero siempre quedarán/quedaremos algunos en las cunetas disfrutando con una realidad más táctil, más emocional y más duradera.

CHC: El eterno debate: ¿Canon, Nikon? ¿Ambos?
SY: Mis equipos principales son Nikon pero por casualidad; siempre digo que «las fotos las hace el camarero y no la cámara». También uso algunas cámaras Canon y Fuji, pero haría lo mismo con cualquier marca. Para mí no pasan de ser valiosas pero simples herramientas.

CHC: Por el objetivo de sus cámaras han pasado, y siguen pasando, paisajes, rincones, detalles de Euskal Herria, que podemos disfrutar en revistas especializadas o en libros. ¿Siempre se puede descubrir algo nuevo en los lugares de siempre?
SY: Siempre. La luz no se repite idéntica jamás; la mirada evoluciona, tu atención también; el momento vital de cada instante te lleva por un lado o por otro. De hecho, cuantas más veces se vuelve a un rincón mejor se conoce y más se puede descubrir de él.

CHC: ¿La afición a la montaña trajo consigo la fotografía de naturaleza, fue al revés o se dio al unísono?
SY: La montaña fue primera, con ella llegó la fotografía y ahora son inseparables.

CHC: ¿Cómo prepara Santi Yaniz una jornada de trabajo?
SY: Es muy aleatorio, depende del tipo de trabajo, si es solitario o si debo contar con alguien, si hago reportaje o hago campo. Hay en todo caso una preparación previa, cálculo aproximado de horarios, estudio de la meteorología, de la luz y del terreno al que me voy a dirigir, a veces incluso preparación de tracks de GPS.
Según los destinos, o voy de víspera y duermo en furgoneta o voy muy temprano, siempre antes de la primera luz; me gusta amanecer en cada sitio. Y después vivo siempre despacio, miro lento, disfruto cada instante. Esa es la filosofía de base: que cada instante sea positivo en tu vida.

CHC: Si no me equivoco, siempre ha ejercido su profesión como free lance. ¿Obedece ello a ese espíritu libre sin el que –y es una apreciación propia- usted no sabría vivir?
SY: Sí, sin duda. He tenido alguna sugerencia para trabajar en estático pero solo pensarlo me aterra. Hacer lo que te gusta y al ritmo que tú quieres marcarte es lo mejor que te puede pasar, sobre todo si te permite sobrevivir con ello.

CHC: Pocos profesionales de la fotografía, incluso pocos montañeros y senderistas, conocerán como usted la geografía de Euskal Herria. ¿Cuál es ese lugar al que siempre desea regresar de una manera… especial?
SY: Como mínimo serían tres, por antagónicos: cualquier acantilado de la costa, al atardecer, las Bardenas Reales en invierno, y cualquiera de los bosques pirenaicos, mejor en otoño o primavera.

CHC: ¿Cuál es la fotografía de la que se siente más orgulloso?
SY: Es una que todavía está por hacer... pero hay alguien muy fotografiado que me ha dicho que las que yo le hice son las mejores fotos que le hicieron en la vida. Pura apreciación personal que da satisfacción.

CHC: ¿Y ésa que todavía se le resiste, si es que hay alguna?
SY: El rayo verde; lo he perseguido muchas veces pero ni lo he visto nunca.

CHC: ¿Qué siente cuando presiona el obturador e intuye que acaba de capturar una imagen única?
SY: No creo que haya hecho nunca una foto única, o no soy consciente. Cuando creo que tengo una imagen interesante pienso con gran satisfacción que es un premio al esfuerzo y me quedo contento.

CHC: ¿Tiene algún fotógrafo/a de referencia?
SY: Ansel Adams, Cartier Bresson y Sebastiao Salgado; más cercanos, Cristina García Rodero y José Manuel Navia.

CHC: ¿Considera que tiene un estilo único, personal?
SY: No; algún editor me ha dicho que se distingue mi mirada en las fotos que yo hago, pero no creo que haya un estilo personal, sería además muy pretencioso.

CHC: En septiembre pasado salió a la venta su trabajo Excursiones a castros, fortificaciones y recintos de guerra, un libro en el que expone y detalla una cuarentena de lugares de Euskal Herria en los que aún quedan vestigios bélicos. Recientemente ha salido el último: Pirineos. Montaña Sublime. ¿Cómo nos los presentaría?
SY: Son propuestas muy diferentes pero el alma de todos mis trabajos tiene la misma base que es la lectura tranquila y profunda del territorio, la escucha de los sonidos y del silencio, el conocimiento de lo que tenemos bajo los pies y el aprendizaje que mirar despacio nos permite sobre nuestra propia memoria o los soportes que la conservan, sean altas montañas o sangrientos recintos y escenarios de guerra. Uno es una guía para descubrir algunas historias y lugares; el segundo es para viajar desde el sofá y reavivar las ganas de marcharse a sentir de cerca los paisajes.

CHC: ¿Estamos ante uno de los trabajos más mimados y sentidos de su extensa bibliografía?
SY: Quizás sí de lo que he hecho hasta ahora. Tenía una necesidad en el alma de abordarlo y me ha renovado las emociones al volver sobre mis antiguos pasos y también ha incentivado las fuerzas para volver a estas montañas.

CHC: Este libro recoge la cordillera pirenaica a lo largo de las cuatro estaciones del año. ¿Cuánto tiempo le ha llevado obtener las más de 200 imágenes que se incluyen en sus páginas?
SY: Hay imágenes muy difíciles de lograr que tienen ya 30 años, otras son tan frescas como del último otoño, hace unos meses.

CHC: ¿Qué tienen de especial los Pirineos para usted?
SY: Los Pirineos son muy grandes y por mucho tiempo que los recorras te guardan sorpresas en cada esquina. Y lo mejor es que son al mismo tiempo montañas agrestes y salvajes que parajes amables llenos de encanto. Y además todos sus paisajes están llenos de historias, de épica, de aventuras y sentimientos que han llenado páginas y páginas.

CHC: ¿Cuál es su «rincón» en ese universo de cimas, senderos, bosques, abismos…?
SY: No puedo pensar en uno solo: diría las calizas de Larra y el Anie y sus entrañas subterráneas, el valle de Ossau, y el macizo de Néouvielle.

CHC: Su vida profesional transcurre al volante de su 4x4 o su furgoneta, en los que viaja su equipo fotográfico, sus botas, su tienda de campaña… ¿Concibe otro tipo de vida?
SY: Sí, por soñar en alto y por la proximidad a la edad, la de un jubileta que cultiva su mini-huerto mirando a alguna montaña a la que ya no puede subir y lee y escucha música, todo lo que no ha podido hasta entonces. Un jubileta que para descansar de esa vida azarosa se va de vez en cuando de viaje por el mundo en su furgoneta que es casa y oficina ambulante.

CHC: Después de toda una vida dedicada a la fotografía, ¿qué balance hace? ¿Ha cumplido sus expectativas?
SY: Hay mucha gente que me conoce por mi trabajo, algo habré hecho bien; he vivido contento, pasado por muchas experiencias y emociones, y no soy rico pero no tengo deudas. Y… todavía no he decidido qué haré mañana, no tengo prisa, ya veremos...

CHC: Una pregunta que en la Sierra hicimos a los pastores, pero adaptada a usted: de volver a nacer y poder elegir, ¿sería de nuevo fotógrafo?
SY: Sí, rotundamente. Aunque probablemente tendría que hacer otro trabajo para comer y sobrevivir.

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