tallerguionEn mayo de 2019, la empresa Ortzadar me propuso cubrir la plaza de monitor del Taller de Escritura Creativa patrocinada por el ayuntamiento de Derio, vacante por la baja por paternidad de Iván Repila.

Se trataba de un trabajo de fin de curso, tan sólo las cuatro últimas clases.

Acepté, y me encontré con un grupo de personas, en su gran mayoría mujeres que, aparte de brindarme un recibimiento acogedor y un respeto encomiable, me pusieron al día del trabajo que venían realizando durante el curso.

Fueron cuatro clases que podría calificar de inolvidables, hasta el punto de que, pese a la brevedad de nuestro contacto, sentí una gran pena al despedirme.

El contrapunto vino, si no recuerdo mal, en el mes de agosto. Iván Repila anunció su decisión de no continuar impartiendo clases en el Taller y el puesto me fue propuesto nuevamente. Sobra decir que acepté.

En octubre, el curso se inició con tres nuevos alumnos. Personalmente, fue un reencuentro pleno de ilusiones.

En marzo, la COVID-19 interrumpió de golpe unas clases en las que abordamos cantidad de ejercicios y fuimos dando forma a un guion de largometraje. A partir de ahí continuamos manteniendo contacto y Taller en la distancia.

No sé, no sabemos lo que nos deparará el destino a corto plazo. Como en una novela de ciencia-ficción, un virus ha puesto patas arriba el Planeta y nos ha sumergido en un torbellino de incertidumbres que hacen del todo imposible prever cómo será nuestra vida y nuestras actividades cuando pase el verano.

Sea como fuere, lo vivido, lo compartido y lo aprendido queda ahí, inamovible. Y mientras tanto, me conformo con agradecer a ese grupo, bautizado por Iván Repila como Derio Writers, todo lo que me dieron y todo lo que me enseñaron.

Gracias Sira, Marian, Blanqui, Mila, Maria Luz, Beni, Amaya, Alberto, Isabel, Miren, Ramón, Luisa.

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