El trabajo puro y duro del guionista, es decir, el dar forma mediante textos a una obra teatral, a un documental, a un cortometraje... Es, al menos en mi caso, una parte del proceso que requiere de aislamiento y de una completa intimidad del guionista con sus aliados: documentación, ideas estructuradas y un destino definido. Al fin y al cabo, nadie como él -o ella-, conoce mejor lo que se trae entre manos y lo que quiere crear.

Concluido el guión, las demás piezas del proyecto ya tienen la base sobre la que ir encajando sus respectivas tareas.

En ocasiones, el guionista puede participar en funciones complementarias e, incluso, hacerse cargo del proyecto en su totalidad. En ese caso, siempre es importante contar con profesionales de total confianza, con colaboradores creativos y dispuestos a ensamblarse para hacer de ese proyecto el mejor producto posible.

Éstos son los míos:

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