javier abasoloJavier Abasolo es uno de los escritores más honestos que conozco.

Su trayectoria literaria puede seguirse a través de su particular Odisea. Entre otras hazañas, ha sabido engañar a los cíclopes que año tras año devoran sin piedad a docenas de escritores que aspiran ver publicados sus borradores, y no ha sucumbido a los cantos de sirena que obligan a muchos autores a llamar a sus personajes John, Richard o Elisabeth y a ubicar sus historias en las ciudades típicas y tópicas de la novela negra.

Se confiesa "Clementista", se siente orgulloso de su condición de bilbaíno, le gusta tomar unos vinos con sus amigos y no ha permitido que su pasión por las letras se interponga entre él y su familia.

Si tuviera que definirlo como persona diría que es humilde, carente de envidias y alejado de falsas glorias. Perseverante, sincero y poseedor de un discurso sólido.
Como autor literario, un fabuloso creador de tramas.

Una persona que gusta sentir cerca y un autor recomendable para lectores y lectoras en general e imprescindible para los/las amantes del género negro.

 

CHARLANDO CON...: Vayamos al grano, ¿cómo puede definirse el género literario conocido como "novela negra"?

JAVIER ABASOLO: Definir el género negro suele ser difícil, cada uno tiene su propia opinión. Normalmente es más fácil decir si una novela es negra o no que definirla. Pero si hay que mojarse, pues me mojo. En mi opinión, que no es la más generalizada, la novela negra es una hija de la novela policíaca sólo que más dura en el lenguaje y en las situaciones que narra, habitualmente más apegada a la realidad que rodea al autor. Y aunque no podamos olvidar su componente lúdico, da más importancia al "por qué" que al "quién".

CHC: ¿Qué no puede faltar en una novela negra?
JA: Por faltar, puede faltar de todo, cada escritor, y cada lector, es un mundo y puede interpretar las historias a su manera. Pero sí que parece imprescindible que haya alguien dispuesto a matar, o arriesgarse a morir, por algo o alguien. Incluso en ocasiones no es estrictamente necesario llegar a esos extremos, sino que puede ser suficiente con que flote en el ambiente esa posibilidad.

CHC: ¿Y qué no puede tener jamás una novela negra?
JA: Ahí sí que soy absolutamente abierto y liberal. Una novela negra puede tener de todo, absolutamente de todo. Siempre que sea algo verosímil. La novela negra no necesita ser real en sentido estricto, no es el sucedáneo, aunque a veces lo parezca, y más en estos tiempos, de una crónica periodística, pero sí debe ser verosímil.

CHC: ¿Con todo esto, ¿cuáles son los ingredientes precisos que debe tener toda novela negra que se precie?
JA: ¿Los ingredientes? A simple vista parece fácil decirlo, un asesinato o un crimen de otro tipo, alguien que lo cometa, que sea su víctima o que lo investigue, unido a una descripción crítica y realista de la sociedad en la mayoría de las ocasiones. Pero una novela negra no es como una coctelera en la que mezclamos los ingredientes y, ¡hale hop!, ya tenemos la bebida. Al final una novela negra puede tener todos esos ingredientes, o sólo parte de ellos, o incluso alguno que no he podido o sabido mencionar.

CHC: Generalmente, el término "novela negra" nos dibuja en la mente tipos serios calados con sombreros caídos sobre los ojos, cigarrillos a medio fumar, callejones en blanco y negro y pequeñas pistolas en los bolsillos de gabardinas con cinturón. ¿Son válidas estas imágenes en la concepción actual de la novela negra o debemos ponernos al día?
JA: Sigue siendo válida esa imagen igual que la contraria. En realidad, quienes hemos crecido leyendo a los clásicos del género negro y, sobre todo viendo las grandes películas del género, en blanco y negro, por supuesto, seguimos teniendo cierta nostalgia y en ocasiones hacemos incursiones en ese "territorio histórico", por calificarlo de algún modo. Pero si tiene una virtud el género negro es que es capaz de adaptarse a todas las épocas y situaciones y hoy, lógicamente, los protagonistas de nuestras historias llevan móviles, utilizan Internet, no usan sombrero y algunos ni siquiera fuman.

CHC: Su gusto por la novela negra, ¿desde cuándo viene?
JA: Siempre he tenido afición a la lectura, pero fue estando en la Universidad, que me pilló en plena transición, cuando empecé a leer más novela negra. Un género que hasta entonces no había estado valorado académicamente --cada vez menos, pero todavía hoy en día hay puristas de la literatura reacios a darle crédito-- y que además, por su carácter crítico, necesitaba de un caldo de cultivo de libertades que hasta entonces no existía, por lo que apenas había escritores españoles (y mucho menos vascos) que se acercaran a él.

CHC: ¿Recuerda cual fue la primera novela de este género que leyó?
JA: Tiene relación con lo que he contestado en la pregunta anterior, ya que curiosamente la primera novela negra que leí fue "Tatuaje", de Manuel Vázquez Montalbán. Y a raíz de leer críticas y comentarios en los que se indicaba que había sido capaz de trasladar a España la tradición de un género que hasta entonces se consideraba básicamente norteamericano, con algunas aportaciones británicas y francesas, me entró la curiosidad por leer a los clásicos, Chandler, Hammett, Jim Thompson.

CHC: ¿Hubo alguna en concreto que le hizo pensar, decir o sentir "yo también quiero escribir novelas policíacas"?
JA: No tanto alguna novela en concreto, pero sí sentí, tras leer un buen montón, el deseo de probarme a mí mismo si era capaz de hacer, escribiendo, lo que otros autores habían conseguido al leerles yo: emocionar e interesar a un hipotético lector narrando mis propias historias, surgidas de mi imaginación y de la sociedad en la que vivía.

CHC: Usted ha publicado más de una docena de novelas, pero ¿cuántas han quedado en el limbo de la imaginación sin ser pasadas al papel o al ordenador?
JA: Es difícil decirlo. ¿Por qué algunas ideas se transforman en novelas y otras no? ¿Y todas esas ideas desechadas podrían haber sido novelas? La verdad es que como siempre he escrito lo que me ha apetecido en cada momento, no es un tema al que haya dado jamás la menor importancia.

CHC: ¿Cuáles han sido las razones?
JAHasta cierto punto creo que está contestado con la respuesta anterior. Supongo que esa "teórica idea", que quizás al principio pensaba que era genial, no daba para una novela. O quizás, sencillamente, no fuera una idea tan genial.

CHC: Ha centrado varias de sus novelas en su ciudad, Bilbao, ¿por qué?
JA: A veces digo en broma que por pereza, ya que por ser mi ciudad y conocerla no necesito buscar documentación. Y algo de verdad hay en eso aunque lo diga en broma, pero es que no necesito ir más lejos para encontrar, o imaginarme, historias. Además, una de las cosas que a mí como lector siempre me ha atraído más del género negro es cómo a través de él autores de diferentes países, culturas, sociedades, nos describen los problemas --y las virtudes-- de las mismas y yo, a mi pequeña escala, intento hacer lo mismo.

CHC: ¿Qué Bilbao reunía más condiciones para convertirse en escenario de una novela negra, el pre-Guggenheim o el actual?
JA: Normalmente tendemos a pensar que el Bilbao antiguo, con la ría llena de contenedores en lugar del hermoso paseo que tenemos hoy, sus astilleros (como el de Euskalduna, cuya desaparición ha inspirado, en parte, mi novela "La última batalla"), su contaminación y su pasado industrial era más propicio al género negro que esta ciudad que tenemos hoy, con el Guggenheim, el Paseo de Abando-Ibarra, el Palacio Euskalduna, los nuevos puentes o la regeneración urbana en general. Pero yo pienso que precisamente puede ocurrir al contrario, cuanto más pujante y más rica parece una ciudad, una sociedad, un país, más intereses soterrados existen, más ambición, más luchas por el poder y el dinero, y eso constituye un excelente escenario para una novela negra.

CHC: Dígame, ¿qué aparece antes a la hora de crear una novela: los personajes o el argumento?
JA: Normalmente en mi obra siempre ha aparecido en primer lugar la historia, aunque una historia sustentada en personajes que no tengan fuerza o sustancia no sirve para nada, por lo que siempre he procurado cuidar también al máximo los personajes. Pero curiosamente, cuando en "Pájaros sin alas" creé a Goiko, aunque jamás me había planteado hacer una serie, al estilo de otros escritores de novela negra, me gustó tanto, quedé tan satisfecho, que casi sin pensármelo escribí dos novelas seguidas más protagonizadas por él, "La luz muerta" y "La última batalla".

CHC: ¿Cuál ha sido la novela que más le ha costado dar forma?
JA: "Hollywood-Bilbao".

CHC: ¿Por qué?
JA: En mis novelas no es raro que aparezcan dos planos o historias distanciadas en el tiempo, los personajes o las situaciones, aunque siempre hago, lógicamente, un esfuerzo porque confluyan de un modo coherente. En Hollywood-Bilbao había dos historias que ocurrían en planos temporales diferenciados, en la actualidad (bueno, la actualidad de cuando la escribí, hacia el año 2000) y en los primeros tiempos de la posguerra, tras el triunfo de Franco. El asunto es que la historia de la posguerra era una película que se estaba haciendo en el año 2000. Al principio pensé narrarla en forma de guión, pero no soy guionista, y se notaba. Además, no me encontraba a gusto de esa manera. Finalmente la narré como si alguien estuviera contando lo que veía en una película, y aunque la última palabra siempre la tiene el lector, yo personalmente quedé muy satisfecho.

CHC: ¿Y la que le ha salido más fácil?
JA: Mi tercera novela, y una de las que puede considerarse casi más una novela de humor que meramente negra, "Una investigación ficticia". Al principio iba a ser un relato corto y casi sin darme cuenta, y sin tener un plan preconcebido, acabé escribiendo una novela. Aún no sé si eso fue positivo o negativo, porque aunque me doy mucha libertad escribiendo creo que improvisar no siempre es bueno y esa novela fue pura improvisación. Incluso tuve que idear casi al final quién era el asesino, cuando en las demás novelas siempre lo he sabido de antemano. Es de todos modos una historia a la que le tengo cariño, pero creo que se salva más por el humor que por la trama.

CHC: De todos los personajes nacidos de su pluma, ¿cuál es al que guarda más cariño?
JA: A todos les guardo cariño, cada uno a su manera, porque a todos los he creado yo y en todos he puesto algo de mí. Pero si tengo que elegir uno en especial ese sería Mikel Goikoetxea, más conocido como Goiko, un antiguo ertzaina reciclado en detective.

CHC: ¿Por qué?
JA: Porque, como ya he dicho anteriormente, aunque nunca había pensado escribir una serie, sobre todo por miedo a acabar repitiendo las mismas historias, cuando acabé la primera novela que había protagonizado, "Pájaros sin alas", comprendí que tenía que seguir escribiendo historias para él y así nacieron "La luz muerta" y "La última batalla". Y habrá una cuarta, eso seguro. Además, se da el caso, halagador, aunque también conlleva cierta responsabilidad si no quieres defraudar a tus lectores, que más de uno me ha pedido que vuelva a escribir una novela con ese personaje. O para ser más directos, me han pedido que vuelva Goiko.

CHC:  Su novela "Pájaros sin alas" ha estado a punto de ser llevada a la gran pantalla, de hecho, yo mismo la presenté en su día a las ayudas a guión. ¿Le gustaría verla en su versión cinematográfica?
JA: Es evidente que sí, decir lo contrario sería absurdo. Ver cómo aquellos personajes y situaciones que has ideado, y a los que has dado forma en el papel, se transforman en imágenes sustentadas por personas de carne y hueso, los actores y actrices, tiene que ser una experiencia muy agradable y satisfactoria.

CHC: ¿Puede ser ésta su novela más atractiva para ser llevada al cine?
JA: No sabría decirlo con certeza. El cinematográfico es un lenguaje diferente al literario y no siempre lo que tú tienes en la cabeza, porque en muchas ocasiones cuando escribes te estás imaginando "la escena", tiene que ver con lo que pueden pensar, tras leerla, un hipotético guionista o director. Así que, si hay alguien interesado, ya lo sabe, no soy nada fundamentalista en ese tema.

CHC: Siguiendo con el tema del cine, ¿a qué actor o a qué actriz ve usted para encarnar a alguno de sus personajes?
JA: No tengo a nadie en especial en la cabeza. Tanto en Euskadi, como en España o en el resto del mundo hay muy buenos actores y actrices y, llegado el caso, según la historia o el director, podrían ser unos u otros. Pero pensando en Goiko, que ya ha protagonizado tres novelas de una serie y espero que pronto llegue la cuarta, podría ser Carmelo Gómez. O buscando algo más cerca, quizás Aitor Mazo.

CHC: Hace unos años realizó una gira por los Estados Unidos para hablar de su especialidad, la novela negra. Cuéntenos, por favor, cómo fue aquella experiencia.
JA: Totalmente gratificante. No sólo por el trato recibido por las autoridades académicas (di charlas en dos universidades de Colorado y en la de Wyoming, así como para un congreso que celebró en Utah una asociación de profesores universitarios de lenguas extranjeras que abarca toda la zona de las Montañas Rocosas), sino por el interés de estudiantes y público en general. Además, que por parte de profesores de universidades extranjeras se estudie tu obra, significa que quizás, pese a las dudas que siempre tenemos sobre lo que hacemos, pueda tener algún tipo de valor.

CHC: ¿Quién es el capo de la novela negra a nivel mundial?
JA: Un "capo", en el sentido de alguien indiscutible que marca la tendencia, yo creo que no hay. O, al menos, es difícil ponerse de acuerdo en quién puede ejercer ese "cargo", pero quizás Michael Connelly sea uno de los que más méritos ha hecho para quedarse con el puesto.

CHC: ¿Y su escritor favorito?
JA: Va cambiando, según mi estado de ánimo o lo que me apetezca leer. Junto al mencionado Michael Connelly, procuro no perderme ninguna de John Connolly. Entre los americanos también me interesa mucho Denis Lehane. Hay también un buen puñado de escritores españoles, como Alexis Ravelo, Andreu Martín o Julián Ibáñez, y vascos, Jon Arretxe y Alberto Ladrón Arana, entre otros, a los que merece la pena seguir.

CHC: ¿Hay muchas autoras de género negro o es un campo de hombres?
JA: Pues no sabría contestar a esa pregunta, nunca se me ha ocurrido llevar una contabilidad del tema, pero creo que cada vez más mujeres escriben en clave de género negro. Lo importante es que tengas una historia que contar y saber contarla, y eso es válido tanto para los hombres como para las mujeres.

CHC: ¿Es usted muy lector?
JA: Sí, claro, parece una obviedad, pero no se puede ser escritor si no se es previamente lector, si no se tiene un gusto especial por los libros y la lectura.

CHC: ¿Lee algo más que novela negra?
JA: Por supuesto. Que tengo una inclinación especial por el género negro lo saben todos los que me conocen, e incluso al colaborar en un programa de radio y algún digital, como CALIBRE 38, leo más novela negra de lo habitual, pero uno no puede ni debe cerrarse. Hay mucho que leer y disfrutar fuera del género negro.

CHC: ¿Quién es el autor que más ha influido en su obra?
JA: Pues no lo sé, y lo digo sinceramente. Supongo que al final todo lo que has leído y vivido influye en tu obra, pero pasando por tu tamiz.

CHC: ¿Alguna vez le han comentado que su prosa tiene semejanza con la de algún otro escritor?
JA: La verdad es que no, pero cuando con mi primera novela, "Lejos de aquel instante", gané un premio literario, en la entrega del premio uno de los miembros del jurado me confesó que pensaba que había sido escrita por un escritor que en aquellos tiempos ya tenía hecho un nombre y una obra. Pero se negó a decirme en qué autor había estado pensando. Quizás haya sido mejor así, de ese modo no he sentido la necesidad de emular a nadie y he escrito más libremente.

CHC: Conocida es su pasión por el Athletic. Si tuviera que elegir un jugador –de antes o de ahora- como protagonista de una novela, ¿con quién se quedaría?
JA: Ésta sí que es difícil, porque depende de si su papel fuera de investigador, de asesino, de víctima. Siento una debilidad especial por Javier Clemente --a pesar de todo sigo siendo "clementista"--, que si como futbolista era excepcional hasta que se frustró su carrera por la famosa lesión, como entrenador nos hizo ganar los últimos títulos que obtuvimos. Y su carácter y forma de ser, que en muchas ocasiones le pierde, encajaría perfectamente en una novela negra. Eso sí, de personaje principal, no podría ser un personaje secundario nunca.

CHC: ¿En algún momento se ha visto usted como integrante de una de sus novelas?
JA: Lógicamente en mis novelas hay mucho de mí, pero yo no soy el personaje de ninguna de ellas. Curiosamente cuando mi primera novela, "Lejos de aquel instante", ganó el Premio de Novela Prensa Canaria, gracias a lo cual se publicó, en el acto de entrega del premio, en Las Palmas, un periodista me preguntó si tenía contenidos autobiográficos (se trataba de una época en la que habían triunfado en premios importantes varias novelas con esa temática) y tuve que contestar que no, que hasta ese momento, al menos, aún no había matado a nadie.

CHC: Usted es habitualmente invitado a la Semana Negra de Gijón. Para quienes desconozcan qué es, háganos por favor una semblanza.
JA: Es algo más que una feria del libro. Es como si se trataran de unas fiestas ciudadanas en las que el libro, no sólo el de género negro, tiene un papel importante. Pero junto a los stands de las librerías hay puestos donde se pueden comprar objetos de todo tipo, como ropa o artesanía, comer y beber, visitar exposiciones, incluso una noria en la que los más pequeños (y grandes) pueden disfrutar. Y el contacto con los lectores es muy cercano, muy íntimo. Es un festival al que puede asistir una persona que jamás haya leído en su vida un libro sin sentirse por eso a disgusto. Y si de paso se anima, y compra uno..., pues tanto mejor.

CHC: En este enero pasado ha participado en la Iª Edición de Pamplona Negra. ¿Qué tal?
JA: Fue una experiencia que merece la pena repetir. No sólo por lo bien organizado, sino también porque la asistencia, para ser un festival primerizo, fue notable, con participación del público en las mesas redondas, haciendo preguntas e interviniendo al final de las mismas, y también por la posibilidad de conocer a escritores que están físicamente muy cerca de ti, pero a los que aún no conocías en persona.

CHC: ¿Debería haber más Semanas Negras repartidas por la geografía del Estado?
JA: Entiendo que sí. Es una forma muy interesante de acercar la literatura (en este caso negra, pero puede ser de otros géneros o "sin género") al público. No sólo que se acerquen a nuestras obras sino a nosotros mismos, que somos personas de carne y hueso, como los demás, con nuestros problemas, nuestras familias, nuestras virtudes y defectos. Es bueno "desacralizar" la figura del escritor de la imagen del intelectual distante que está por encima de sus conciudadanos. Cosa que, por otra parte, es radicalmente falsa y absurda.

CHC: Usted y yo nos conocimos personalmente en la Feria del Libro de Bilbao de 2004, cuando ambos presentamos nuestras respectivas novedades. ¿Qué ha cambiado en aquel Javier Abasolo de hace casi quince años?
JA: Si digo que tengo menos pelo y más kilos parecería un tópico, pero es verdad, por desgracia. A veces pienso que sigo siendo el mismo, y en el fondo creo que lo soy, pero lógicamente todo lo que vives te va influenciando. En el año del que habla, mi hija pequeña tenía siete años y en las próximas elecciones municipales va a votar por primera vez. ¡Claro que ha habido cambios en mi vida!

CHC: ¿Reescribiría alguna de sus novelas?
JA: Es muy posible que, de tener que empezarlas de cero, las escribiría de un modo diferente, pero reescribirlas no creo que tenga mucho sentido. Para bien o para mal las novelas escritas ya hace años, independientemente de que su valor literario sea alto o bajo, se corresponden a etapas de mi vida en las que escribía, pensaba y vivía de un modo que quizás sin ser radicalmente diferente al actual, sí era de alguna manera diferente. Reescribir esas novelas sería como traicionarme a mí mismo, o al menos a lo que era en esos años.

CHC: En sus novelas nunca falta el sentido del humor, el guiño a una sonrisa, la invitación a una breve risa. ¿Por qué?
JA: Supongo que por una inclinación personal. Algunas novelas tienen más humor ("Una investigación ficticia" y "Una del Oeste", por ejemplo) y en otras, por la crudeza de las historias narradas, quizás no haya tanto, pero siempre me gusta incluir un mínimo de humor en mis novelas, creo que es bueno para el lector. Al menos así lo entiendo yo como lector e intento llevarlo a la práctica cuando escribo. Por otra parte, creo que el humor es necesario no sólo en la literatura sino también, sobre todo, en nuestra vida cotidiana. En ocasiones es nuestra única tabla de salvación ante lo que vivimos.

CHC: ¿Cómo ve el panorama literario a nivel de Euskadi, cómo a nivel del Estado español y cómo a nivel internacional?
JA: No soy crítico, así que no voy a meterme en el jardín de si se hace "mejor literatura" ahora, o en los 80 o hace quince años, lo que sí noto es que el público tiene cada vez más autores y obras de signo totalmente diferentes a su alcance, con más posibilidades de elegir y, por tanto, de disfrutar, lo que entiendo que ya es de por sí positivo.

CHC: ¿Cree que se publican demasiados títulos al año?
JA: El problema de contestar a esa pregunta, sobre todo cuando la respuesta tiene que ser, por pura lógica contable, afirmativa, es que cuando decimos eso siempre pensamos que se publica demasiado de "otros autores", pensando que nosotros no somos los que aumentamos la cuota. Así que prefiero no meterme en ese tema, primero porque creo que los editores son los más interesados en publicar todo aquello que pueden soportar económica y comercialmente, así que si se publica en exceso será porque les interesa, y en segundo lugar porque alguien podría decir, con todo el derecho del mundo, que quizás también sobrarían mis obras.

CHC: Me da la sensación de que de unos... cinco-siete años a esta parte han proliferado los escritores de novela negra en nuestro Territorio. ¿Es así?
JA: Cuando yo empecé a publicar había muy pocos escritores que habían escrito (o al menos publicado) novelas de género negro. En euskera estaban José Antonio Loidi, con una sola obra, Gotzon Garate o Xabier Gereño. En cambio, en castellano apenas había nada. Ahora sí están proliferando autores que escriben en clave de género negro, y cuantos más mejor. De momento el euskera sigue llevándole ventaja al castellano, con autores como Alberto Ladrón Arana, Iñaki Irasizabal o Jon Arretxe, pero en castellano también hay escritores como Javier Díez Carmona, Javier Otaola, Noelia Lorenzo (que va a publicar su segunda novela en "Cosecha Roja", la colección de novela negra de la editorial EREIN que se está consolidando no sólo en Euskadi sino en todo el Estado Español como una colección de calidad) que poco a poco van haciendo una obra que merece la pena seguirse.

CHC: Y si es así, ¿a qué puede ser debido? ¿A la casualidad, a los inevitables ciclos, a una moda, al éxito de autores del género, especialmente usted?
JA: No me gusta hablar de modas, porque las modas son efímeras, pero sí creo que poco a poco la aparición de autores que cultivan el género y el apoyo de libreros y editoriales está consiguiendo que se consolide en Euskal Herria un buen puñado de escritores "negros". También ha contribuido a ello el hecho de que hemos dejado de sacralizar la literatura, como hacíamos hasta hace poco, y hemos reencontrado el gusto por lo lúdico a la hora de ponernos a leer. Siempre me gusta recordar una frase, cuya autoría desconozco, pero que suscribo totalmente: lo divertido no es lo contrario de lo serio, sino de lo aburrido. En cuanto al posible arrastre de mi "hipotético éxito", opinión que agradezco aunque no sé si es un tanto desmesurada, es evidente que el ver que alguien cercano a ti puede escribir y publicar una novela, de género negro o de cualquier otro tipo, siempre puede servir de estímulo y acicate.

CHC: Cuando aparece en el mercado un nuevo autor/a de novela negra, ¿qué siente?, ¿miedo a la competencia o alegría porque el género se potencia?
JA: Yo en este tema pienso, como buen bilbaíno, en los bares. Si en una zona sólo hay un bar, es posible que tenga su clientela fija, pero al no ser lugar de paso ésta no crecerá demasiado, salvo que el local tenga un nombre muy acreditado por algún motivo concreto. En cambio, si en una zona hay muchos bares, la gente no entrará a todos, obviamente, pero sí será más fácil que sean más conocidos y, por lo tanto, es más posible que los potenciales clientes se animen a entrar en algunos cuantos. Yo creo que en el género negro sucede lo mismo, cuantos más autores haya, mejor. Será imposible leerlos a todos, pero se habrá creado un caldo de cultivo para leer a algunos. A mí, por ejemplo, si se me permite la autopublicidad.

CHC: ¿Le molesta ser considerado como referente de la novela negra en Euskadi?
JA: Por una parte halaga mi vanidad, y ya se sabe que lo mismo que a los soldados se les supone el valor, a los escritores se nos supone la vanidad. Pero la verdad es que no creo que sea para tanto y, sobre todo, no me apetece echarme sobre mis hombros esa responsabilidad.

CHC: ¿Qué opina de las Ferias del Libro?
JA: ¿Qué puedo opinar si tengo la suerte de contar con la amistad del mejor organizador de Ferias del Libro del mundo, Asier Muniategi? Pero bueno, aparte de eso, sacar el libro a la calle siempre es positivo. No entiendo a quienes critican un cierto sentido comercial en las ferias del libro. Seamos serios, si no se vendieran libros, tanto las editoriales como las distribuidoras y librerías desparecerían, muchas de ellas ya están desapareciendo, así que cuanto más se venda, mejor. Quién sabe, quizás alguno de esos escritores que se quejan de que el libro más vendido el pasado año en alguna o en todas las ferias fue la biografía de Belén Esteban han visto publicada su obra porque la editorial que lo hizo podía permitírselo gracias a las ganancias obtenidas con esa señora. Y que no se considere esto una alusión personal a nadie, porque mientras estoy escribiendo la respuesta ni siquiera sé qué editorial ha publicado el libro de la señora Esteban.

CHC: Si estuviera en su mano, ¿qué haría para potenciar las Ferias del Libro?
JA: Las ferias del libro, como todo en la vida, seguramente son mejorables, pero hay que trabajar en la base, en concienciar a la gente que leer te abre nuevos mundos. Y si la gente se anima a leer, también se animará a acudir a las ferias del libro. Obviamente también ayuda que no llueva cuando se celebren, pero eso, desgraciadamente, no está en nuestras manos.

CHC: Algunas de sus novelas han sido traducidas al italiano, al francés y, si no me equivoco, al ucraniano. ¿Qué se siente al saber que sus obras son leídas en otros países?
JA: Lógicamente te produce una gran alegría ver cómo en otros países, en otras lenguas, se recibe tu obra y hay interés por ella. Y del mismo modo que yo, cuando leo a autores extranjeros, voy aprendiendo algo de sus países, sus ciudades, su problemática, quiero pensar que quien lea mis obras desde el extranjero quizás empiece a conocer también un poco mejor mi país.

CHC: ¿Recibe muchos comentarios de sus lectores/as?
JA: Ahora, con las redes sociales, es más fácil mantener el contacto con los lectores, lo que siempre es positivo. Además, o a mis lectores les gustan de verdad mis novelas o son muy educados y mienten piadosamente, porque la inmensa mayoría de los comentarios que recibo son favorables.

CHC: En general, según las estadísticas, las mujeres leen más que los hombres. ¿Cree que también en lo que concierne a la novela negra?
JA: Pues no lo sé, no conozco ese tipo de estadísticas. Sé que a mí me leen hombres y mujeres, porque me lo han dicho, y espero que me hayan leído muchos más hombres y mujeres que no me lo han dicho, si no, sería todo un desastre la cosa, pero desconozco qué sexo está el primero en el ranking y tampoco es un asunto que me interese. Yo aspiro a que me lean el cien por cien de los hombres y el cien por cien de las mujeres. Por ambición, que no quede.

CHC: ¿En su familia leen sus novelas?
JA: Hay de todo, como en botica. Familiares que leen todo lo que escribo, quienes leen sólo alguna cosa y quienes no me leen nunca, pero con todos me llevo bien, no soy un tipo rencoroso.

CHC: ¿Es amigo de dejar leer los borradores de sus novelas?
JA: No es que sea amigo, es que creo que es imprescindible que terceras personas lean tus borradores. Entre otras cosas, porque por más que corrijas, siempre se te quedan cosas en el tintero, aspectos que son mejorables y de los que ni tú mismo te das cuenta, porque en muchas ocasiones no leemos lo que hemos escrito, sino lo que pensamos que habíamos escrito.

CHC: ¿Qué es lo que hace buena o mala a una novela?
JA: Si tuviera las claves... De todos modos yo nunca digo si una novela es buena o mala, sino si me ha gustado o no, y eso depende de los gustos e inclinaciones personales. Siempre recuerdo una frase que solía repetir uno de los mejores críticos de cine de los años 70, Alfonso Sánchez, "una película puede ser buena o mala, lo que no puede ser nunca es aburrida". Pues algo así pienso yo.

CHC: ¿Cree que se lee todo lo que se debiera?
JA: Es que leer no es una obligación, por eso la expresión "todo lo que se debiera" no me gusta. Yo creo que leer es positivo, porque nos enriquece, nos puede abrir a nuevos mundos, pero decir si se debe leer más o menos es aventurado. Creo que sí, que hay que leer, pero no como consecuencia de una obligación social o cultural, sino por nuestro propio placer y crecimiento personal.

CHC: ¿Por qué no se lee más?
JA: Supongo que porque cada día hay más posibilidades de ocio, no sólo entre los jóvenes sino también entre los mayores. Y para mí, al contrario de lo que a veces se dice, eso no es negativo. Las videoconsolas no son las enemigas del libro, como tampoco lo fue en su momento el cine. Incluso pueden llegar a ser complementarias, cada cosa en su momento. Si queremos que la gente lea, no debemos despotricar contra otros sistemas de ocio y diversión, sino escribir obras que sean capaces de llegar al público.

CHC: ¿Cree que desde los organismos pertinentes se fomenta debidamente el amor a la lectura, a la escritura, a la cultura?
JA: Supongo que los organismos pertinentes tienen otras prioridades en estos momentos. Y tiene su lógica, aunque por otra parte tampoco debemos olvidar que los países que están mejor situados económicamente suelen ser aquellos en los que también más importancia se da a la cultura y la educación. Algo influirá eso, pienso yo.

CHC: ¿Hay algún autor/a a quien no "pueda" leer?
JA: Pues sí, pero como desde pequeño, tanto en casa como en el colegio, me inculcaron el sentido del respeto y la buena educación, prefiero no decir nombres. Lo que ocurre en mi biblioteca es como lo que ocurre en Las Vegas, que se queda en mi biblioteca.

CHC: ¿Y quién es el autor/a al que le encanta leer?
JA: Pues quizás pueda sorprender mi respuesta, porque no tiene nada que ver con el género negro, pero me encanta leer y releer las obras de teatro escritas por Miguel Mihura.

CHC: ¿Cree que en algunas -o en muchas- ocasiones el éxito de un autor se debe a tener un nombre reconocido en otros medios o a una estudiada campaña de marketing?
JA: Sí, eso es evidente, pero es comprensible. Como he explicado antes, hay gente que vive de este negocio (no es mi caso, aún no tengo claro si por suerte o por desgracia) y todo negocio tiene que ser rentable si quiere sobrevivir. Las editoriales son empresas, no lo olvidemos. Y lo mismo la distribuidoras y librerías. Que algunas cuiden más que otras el aspecto "cultural" del negocio tiene mucho mérito, pero incluso éstas, si no venden lo suficiente, acaban cerrando y ese esfuerzo se va por la borda sin que a nadie, seamos sinceros, le importe. Salvo a quienes vivían de esa empresa, por supuesto.

CHC: El nombre, o la labor de un/a representante, ¿qué porcentaje tiene en el éxito de una novela y de un autor?
JA: Es difícil decirlo. Es un trabajo que supongo muy complicado, y efectivamente un trabajo bien hecho puede llegar a influir en el éxito de un autor. Ahora bien, para que ese autor que ha triunfado se consolide, necesita tener algo más que un buen agente. Una primera obra puede sustentarse quizás, no lo puedo asegurar pero parece que hay más de un caso, en una buena operación de marketing, pero cuando el lector ya se ha leído tu primera novela y sabe si le has vendido humo o algo serio, la cosa cambia. Ahí quizás sea necesario tener algo más que un buen representante, por excelente profesional que éste sea.

CHC: ¿Qué opina de los autores/as que firman libros escritos por los denominados "negros"?
JA: Que, en realidad, no son autores.

CHC: ¿Qué opina de los Best Sellers?
JA: Si nos atenemos a su traducción literal, como "los más vendidos", pues hay de todo, muy bueno, muy malo y normal. Pero si con esa denominación se quiere etiquetar a una especie de género, como en ocasiones parece que se hace, sinceramente se escapa de mi capacidad de comprensión, no sé exactamente qué sería eso de un "best-seller".

CHC: ¿Vendería su alma al diablo para que una de sus novelas fuera un pelotazo a nivel mundial y a raíz de eso usted el escritor de moda en el planeta?
JA: Deseo pensar que no, que no lo haría. Pero quizás lo digo porque hasta ahora no se me ha presentado la ocasión. De todos modos, eso de "vender mi alma al diablo"... Desde luego, no haría cualquier cosa por un pelotazo. Además, seamos serios: siendo de Bilbao, es el diablo el que tendría que estar interesado en venderme a mí su alma.

CHC: Se dice que hay autores y autoras que guardan en el cajón de su escritorio el contrato de algunos de los principales premios literarios del Estado, o sea, que en el momento que lo firmen y acepten las condiciones, tienen el premio asegurado. ¿Qué opina?
JA: Personalmente no me gusta esa idea, aunque sé que ocurre, pero tampoco estoy por la labor de darme de cabezazos contra un muro. Soy consciente de que el libro, aparte de un bien cultural, es parte de un mercado económico, y tiene su lógica que una editorial quiera obtener beneficios de los autores a los que apoya. Ahora bien, hasta dónde quiera llegar ese autor, eso pertenece a su propia ética personal. Habrá quien se niegue en redondo y habrá quien diga, tal vez con razón, que su obra quizás no sea mejor, pero tampoco peor, por ganar un premio. Volvemos a lo anterior, el tema de vender tu alma al diablo, sólo que en este caso el diablo es el editor. Una idea muy sugerente, por otra parte.

CHC: ¿Qué opina de los talleres de escritura?
JA: No tengo una opinión personal bien formada porque nunca he participado en ninguno de ellos, ni como alumno ni como profesor, pero visto desde fuera me parece una iniciativa interesante, sobre todo porque te obliga a una disciplina y porque la ayuda y el asesoramiento de personas ajenas a ti, pero que saben de lo que hablan, siempre es positivo.

CHC: ¿Cuál es el proceso de escritura de Javier Abasolo?
JA: Cuando me pongo a escribir una novela siempre sé lo que quiero hacer, y tengo en la cabeza los personajes y las situaciones claves, aunque no tengo esquemas rígidos. Luego, cuando ya me pongo a la tarea, si veo que me estanco lo dejo y me dedico a otra cosa, pero si veo que la historia va surgiendo, si veo que voy llenando folios con cierto sentido, no por el mero hecho de llenarlos, entonces sí, me convenzo de que estoy en el buen camino y voy a por todas.

CHC: ¿Es un autor de tiempos regulares o no lleva un patrón de días y horas?
JA: Procuro ser disciplinado y escribir casi a diario. Incluso cuando no estoy trabajando en una novela concreta, me obligo a escribir algo, relatos, artículos, comentarios, que quizás nunca se lean o publiquen, pero que me mantienen activo. La propia contestación a esta entrevista está siendo un ejercicio interesante --al menos para mí, no sé qué opinarán los futuros lectores-- para conseguir lo que he comentado antes, no permitir que me venza la pereza. Porque cuando pasas un tiempo sin escribir, se te hace muy duro, por lo menos al principio, volver a coger el ritmo.

CHC: En sus novelas, ¿aparecen camufladas muchas personas conocidas?
JA: En alguna sí que ha aparecido alguien más o menos reconocible, pero son casos muy puntuales. Lógicamente los personajes no surgen de la nada, les das características, manías, tics, de gente que conoces, personalmente o por otros medios, pero no son personas reales, son personajes salidos de tu imaginación. incluso aquellos que parecen tener nombre y apellidos en la vida real.

CHC: ¿Habla usted con sus personajes?
JA: ¿Si digo que sí me internarían en un psiquiátrico por relacionarme con personajes de ficción? La verdad es que no, todavía no me ha dado por ahí. Mis personajes saben que deben respetar al autor y no importunarle dándole conversación, ya que corren el riesgo de que los elimine de la obra sin ningún miramiento. Y es que ya se sabe, "el que manda, manda".

CHC: En el transcurso de la escritura, ¿aparecen personajes, situaciones y tramas que no figuraban en su planteamiento inicial?
JA: Sí, por supuesto. Aunque cuando me pongo a escribir ya sé lo que quiero hacer, y tengo claro tanto mi punto de origen como de destino, me doy bastante libertad y no es raro que aparezcan personajes en los que no había pensado o que tengan un protagonismo superior o inferior al que les había concedido en un primer momento. Pero normalmente los personajes y trama principales los tengo muy claros y no suelo necesitar modificarlos.

CHC: ¿Usted se pone escribir aunque la idea no esté muy definida o precisa tener muy claros algunos elementos para iniciar la andadura?
JA: Como creo que ya he dicho, yo siempre cuento con una ventaja adicional sobre el lector: sé desde el primer momento quién es el asesino y por qué lo ha hecho. Y también suelo tener en la cabeza algunas escenas claves o que considero interesantes. El resto, es rellenar los huecos que quedan entre la primera frase y el inevitable "The End".

CHC: ¿Se divierte escribiendo o es de esos escritores para los que la redacción es un Vía Crucis?
JA: Si lo pasara mal escribiendo, no lo haría. Para sufrir tengo suficiente con leer las noticias diarias de los periódicos y escuchar o ver los informativos de radio y televisión. Una vez leí las declaraciones de un famoso escritor que decía que en su novela había puesto toda su sangre y sudor, así que decidí no comprarla, porque si era cierto el libro tenía que oler de pena.

CHC: ¿Se ve escribiendo en otro género?
JA: Sí, ¿por qué no? Como he dicho más de una vez, yo escribo novela negra por elección, no por obligación. Es una opción personal que no me limita y si me surge una historia que me parezca interesante, aunque no sea estrictamente de género negro, no dudaré en escribirla. Por otra parte, en algunas de mis obras, aún siendo todas de género negro, ya he jugueteado con otros géneros, como la ucronía, en "El aniversario de la independencia" y "Una decisión peligrosa", lo histórico, como en "Antes de que todo se derrumbe" o "Hollywood-Bilbao" e incluso el western, con "Una del Oeste".

CHC: ¿Puede adelantarnos en qué está metido ahora?
JA: Estoy dando los últimos toques, aunque luego vendrá la labor de corrección, tediosa pero imprescindible, de la cuarta novela de la serie de Goiko, cuyo título será --y esto es una primicia que ofrezco gratuitamente-- "Demasiado ruido". Salvo que a última hora, lo que en mi caso no es nada extraño, decida cambiarla de título.

CHC: Defínase como escritor.
JA: Lo de autodefinirse es peligroso, porque o caes en el autobombo desmedido o en la falsa modestia, pero creo que una cosa sí he conseguido, que mis lectores no se aburran. Si aparte de eso sacan algo más de la lectura de mis novelas, pues miel sobre hojuelas.

CHC: Para concluir: un lector o una lectora desean iniciarse en sus novelas. ¿Cuál le recomendaría para abrir fuego?
JA: Es que todas son buenísimas. Ja, ja, ja. Bueno, hablando más en serio, es difícil recomendar porque aunque parezca un tópico, es como elegir entre los hijos. Depende del lector. Si le gustan las series, las de Goiko creo que serían una buena elección. Y lógicamente, mis dos últimas novelas publicadas, aunque no pertenezcan a dicha serie, "Una del Oeste" y "Una decisión peligrosa".

Puedes seguir a Javier Abasolo en http://elblogdeabasolo.blogspot.com.es/

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