pastillaverdeCuando uno ha sido fiel y entusiasta seguidor de una serie televisiva durante años, más de diez, siempre espera con viva ansiedad el inicio de cada nueva temporada.

Y en ésta no ha sido diferente. El reenganche de Cuéntame cómo pasó era algo que anhelaba desde varias semanas atrás. Sin embargo, al concluir el capítulo, a la ilusión se la había zampado su antónimo y tan sólo quedaba en mi ánimo la estupefacción por lo que había visto.

Era como si de repente me hubieran cambiado la serie. Continuaban los mismos personajes, sí, y la historia recogía el testigo de la anterior, pero lo contado, la forma empleada para contarlo y algunas interpretaciones concretas parecían haberse confundido de serie. Ciertas escenas hubieran sido más propias de Manos a la obra, la serie que triunfó en Antena 3 hace algunos años, que de Cuéntame: rozaban la parodia, el guiño tebeístico, el gag tontorrón, con la diferencia de que en Manos a la obra formaba parte del espíritu de la serie y en Cuéntame, que yo recuerde, nunca ha sido así.

Los personajes deambulaban por el capítulo como almas en pena, como fantasmas que estuvieran buscando su propia identidad entre la maraña de un guión simplón que les había robado el carácter que tanta fuerza les diera en un pasado no demasiado lejano. Cierto que la serie, a lo largo de las quince temporadas anteriores, ha pasado por momentos más flacos, pero siempre salvados con dignidad, deslices que eran como gotitas en un mar, pero la impresión que me dejó este primer capítulo fue de que había que rellenar 60 páginas de guión y una hora de programa con lo que fuera y de la forma que fuera, de que de repente, a los responsables del capítulo se les había olvidado cómo se hacía antes cuáles eran las claves que metieron a los Alcántara en nuestros hogares semana tras semana y, ojo, siendo acogidos como familia propia.

No obstante, y también con ilusión, aunque no exenta de cierto recelo, me senté ayer noche ante el televisor. No puedo decir que fue tan triste como una semana antes, pero sí que añoré la calidad de antaño.

No tiro la toalla. El jueves que viene me asomaré de nuevo a la ventana de los Alcántara. Ojalá que la serie recobre el vigor que la ha caracterizado y que la ha convertido en referencia no sólo aquí, sino en muchos países. Por desgracia, en éste no andamos sobrados de series de calidad y afear el recuerdo de ésta sería imperdonable.

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